Los enemigos de la paz

Octubre 06, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Y vuelve el presidente Juan Manuel Santos a tratar de alinderar a los colombianos entre los que quieren y los que rechazan la paz. Y las estrategias de las Farc vuelven a ser las protagonistas de las elecciones donde se escogen los gobiernos.Cuando oí la enésima alocución presidencial donde tratan de poner al lado de los buenos a quienes apoyan los diálogos de La Habana y en el lado de los malos a los que critican lo que ocurre en las tierras de los Castro, o a quienes no creemos en las buenas intenciones de la guerrilla, me puse a pensar quiénes son los enemigos de la paz de que habla el presidente Santos. Están en primer lugar las Farc. Durante décadas, su estrategia de aceptar diálogos es sólo un artilugio para ganar la audiencia del periodismo, aprovechando el síndrome de la chiva que nos lleva a poner de manera permanente una cámara y un micrófono en la boca de los delegados de la guerrilla. Que recuerde, en 50 años nunca han aceptado su responsabilidad en la barbarie que han desatado contra los colombianos, jamás han reconocido el Derecho Internacional Humanitario ni se han dignado presentarle siquiera una disculpa a sus víctimas. Y nunca han demostrado su voluntad de terminar el terror. Pregúntenle a los negociadores de antes y de ahora. Pero sí han usado cuanto medio les ofrecen para mandar el mensaje que les interesa: mostrarse como una organización política amante de la paz y obligada a hacer la guerra porque “se les robaron los cerdos y las gallinas y las vacas”. Cuando los gobiernos muerden el anzuelo, su pretendido deseo de paz se convierte en una lista de exigencias imposibles de cumplir, mientras usan los micrófonos para martillar sus consignas e ignorar sus crímenes. Al final, el fracaso se lo atribuyen a su “contraparte”. Y está el gobierno. Por supuesto, a ningún gobernante se le puede pedir que no busque una negociación para terminar una guerra eterna. Pero está claro que, como ocurrió antes y está sucediendo ahora, la impaciencia y la improvisación empieza a descomponer su estrategia, mientras su suerte depende cada vez más de lo que hagan las Farc. Más aún, cuando el logro de un acuerdo se transforma en un fantasma que puede definir la reelección o causar la derrota. Por eso, el acuerdo puede ser cualquiera con tal que sirva para las elecciones.Entonces ocurren cosas como las que estamos viendo: a las Farc pidiendo que se respete la agenda y diciendo que hay pocos logros, mientras el gobierno afana y salta de un punto a otro, afectado por el desgaste que le significa el perder la iniciativa. Víctima de las necesidades, los gobernantes echan mano de la retórica y de una conducta bipolar donde el presidente habla de paz mientras su ministro de defensa no les rebaja a las Farc el calificativo de narcoterroristas y la amenaza de destrucción total.Por eso, aquello de calificar a la gente de ser amigo o enemigo de la paz me parece inaceptable. Más aún, cuando pretenden convencernos sobre la bondad de negociar cualquier cosa con el causante principal de la destrucción y el atraso, a pesar de que no demuestran su intención de acabar la violencia y responder por sus crímenes. Al dividir entre buenos y malos según apoyen o no los afanes del gobierno, le causan daño al anhelo de paz de los colombianos, más aún si se usa para respaldar la reelección del régimen.

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