Libertad

Libertad

Junio 03, 2018 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Además de la candidatura de Iván Duque, si algo triunfó en las elecciones del pasado domingo fue la libertad para escoger a conciencia. Y si algo salió derrotado fue la política tradicional y unos partidos que se resisten a reconocer su fracaso.

En gran parte, los votos de Fajardo fueron libertad pura, reflexión, interés por acabar con la putrefacción que padece la política en Colombia. Esa política que vive del clientelismo y no considera un crimen enriquecerse con los dineros públicos. Que es incapaz de reformar el sistema electoral que le asegura el centralismo para mantener con su chantaje al Gobierno la permanencia de las parcelas y de los gamonales en departamentos y municipios.

Por eso da pena que quienes desde el Partido Liberal, el Conservador y en especial la U, ahora traten de subirse al carro de la victoria. Ellos y ellas, que no pusieron un solo voto por el gran derrotado y su aliado Vargas Lleras o por De la Calle , reclaman un acuerdo sobre lo fundamental para dar a entender que son los autores del triunfo de Duque el próximo 17 de junio.

Esos cadáveres insepultos fueron arrollados por quienes ejercieron la libertad a elegir. Son entelequias sin autoridad y sin esencia porque sólo los mueve la búsqueda de prebendas de las cuales viven y la creación de dinastías mentirosas. La libertad dijo el 27 de mayo, como lo hizo en el plebiscito del 2 de noviembre de 2016, que hay que cambiar, que necesitamos justicia, que la paz es el fin y no una bandera para elegir a nadie, que ya no nos aguantamos la ausencia del Estado que causa muertos, miseria y violencia, ni el maridaje de la política con el narcotráfico.

Y de esa inconformidad se pegó Petro, quien sabe que su derrota final será inexorable. Ahora hace el más vergonzoso esfuerzo por desteñirse, por tratar de que la gente olvide su espíritu enfermo y su compromiso con el odio que hay detrás de la lucha de clases. Para ello usa un corazoncito igual al de Jorge Iván Ospina, además de las palabras amor, paz o Colombia Humana con las cuales disfraza sus intenciones.

Para completar, se junta con personajes como Alexander López, el mismo Jorge Iván, el senador de la mirada siniestra Iván Cepeda y tantos otros, para mostrarse como mansa paloma de la paz. Ni siquiera se toma ya el trabajo de referirse al apoyo fraterno de las Farc. Ahora, y como lo hacen los jefecillos del partido conservador, invocan el acuerdo sobre lo fundamental para dar a entender que son ante todo seguidores de Álvaro Gómez Hurtado. ¡Pobre Álvaro!

Ganará Duque, pero, infortunadamente, el clientelismo rancio y pestilente saltará de nuevo para tratar de revivir las mangualas con las cuales ha gobernado en las últimas décadas. Una vez pasen las elecciones para el clientelismo ya no importan los votantes y lo que se impone es el poder que tienen en el Congreso, en los municipios y en los departamentos. Entonces, y si los deja Duque, los cadáveres renacerán y de nuevo será imposible reformar la justicia, cambiar la política y desterrar la corrupción que impiden tener un Estado capaz de atender a todos los colombianos.

Eso es lo que espera al nuevo Presidente y, ojalá, Duque pueda hacer el cambio que piden quienes lo han apoyado y los que van a apoyarlo. Mientras tanto, tendremos que soportar el desfile de quienes tratan de apoderarse de la esperanza y la libertad, la razón que movió y moverá a muchos a ejercer el derecho a elegir a su nuevo gobernante.

Sigue en Twitter @LuguireG

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