Libertad y Desorden

Noviembre 25, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Por culpa de las ganas de quedar bien con todo el mundo para ganar votos o evitar perderlos, hoy en Colombia es mejor desconocer las instituciones que acatarlas. Y obligarlas a transar, a sabiendas de que quienes tienen la obligación de hacerlas respetar están dispuestos a negociarlas.Es el caso del Paro de la Justicia, el más flagrante desconocimiento de la Constitución Política versión 1991, que en su artículo 56 prohíbe la huelga en los servicios públicos esenciales. ¿Acaso la Justicia no es un servicio público esencial? Más grave aún es que ningún tribunal haya recibido siquiera la solicitud para que sea declarado ilegal, un ejemplo de cómo actuar como juez y parte. Y que el Fiscal General de la República respalde con descaro la violación a la ley que realizan muchos de sus subalternos.Es decir, la institución constitucional sólo se aplica cuando no lesiona los intereses de los que deben hacerlas cumplir. O se negocian, para ganar adeptos. Es lo que resulta cuando se acepta como condición para levantar el paro que se pague a los infractores del mandato constitucional que desconocen los derechos de los ciudadanos. Es decir, la ley del más fuerte le gana al Estado de Derecho, y todos tan campantes. Y la huelga sigue y la indiferencia crece y las pretensiones se aumentan y la Ministra que fue sacada de la Rama Judicial dizque para servir de puente, ya no encuentra más argumentos. Y los magistrados de las Altas Cortes hacen mutis por el foro, como si lo que ocurre no fuera un desafío a la Constitución que ellos deben defender. El otro hecho lo protagoniza Gustavo Petro con su aparente obsesión de restablecer el monopolio estatal en la recolección de basuras de una ciudad con ocho millones de habitantes. Es que su verdadera obsesión es imponer el populismo: Arengas van y vienen, desconocimiento de la ley y discursos arrevesados son sus herramientas para desafiar a un Estado vacilante que ya demostró ser incapaz de hacer respetar las instituciones frente a los desafíos del pequeño Chávez costeño. Es que el gobierno se asustó con el desorbitado Robespierre que cita la ley cuando le conviene y la pisotea cuando no satisface sus intenciones. Y le inventó un puesto a la insufrible Gina Parodi, derrotada por Petro, para que mejorara y no agudizara la áspera relación con la Alcaldía. Lo que hizo fue darle la disculpa perfecta con las continuas metidas de pata de la Parodi que no resiste un micrófono o una cámara al frente, y los intentos de desinformar de quienes actúan como voceros oficiosos de la fracasada estrategia fraguada en el Palacio de Nariño. Resultado: Bogotá está peor que nunca, la institucionalidad destruida y Petro feliz, porque puede continuar su propósito de destruir las instituciones, ante la ausencia de voluntad y decisión para defender la Constitución. Porque se equivocan quienes piensan que el exguerrillero llegó a gobernar. Él llegó a crear el desgobierno mediante el cual se exaspera a la gente y se impone el populismo, ante el fracaso rotundo de los partidos políticos. Pregúntenles a los venezolanos.Así se transa y se desconoce la ley en Colombia por quienes deben aplicarla y deben defenderla. La falta de autoridad que nos agobia y la destrucción de la política cambiaron el lema Libertad y Orden por el de Libertad para desconocer las instituciones y Desorden en las responsabilidades del Estado.

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