Las reformas imposibles

Mayo 21, 2017 - 07:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Luego del susto y la rabia que le produjo a la aplanadora oficialista el pronunciamiento de la Corte Constitucional sobre el Fast Track, ahora entra en escena la enésima reforma política que presenta el Gobierno Nacional.

Y por enésima vez, la reforma está fracasada desde antes de empezar su trámite. Es que se mete con el control del poder. Eso de plantear listas cerradas, de exigirles responsabilidad a los partidos y sancionarlos por los malos actos y de cerrar la posibilidad de financiar las campañas como sea, no va con los jefes con las campañas presidenciales. Recuérdese a Odebrecht y compañía.

De otra parte, lo de rebajar la edad de Senador a 25 años y la de Representante a la Cámara a 21, es demagogia barata, igual a la de prohibir la reelección por más de dos períodos. Son fuegos artificiales que sólo tratan de mostrar un falso interés por hacer más inclusivo y democrático el ejercicio de la política y el derecho a elegir y ser elegido.

Infortunadamente a esa nada se llegó porque la propuesta de los académicos pomposamente designados en La Habana tenía cosas imposibles, otras absurdas, otras afectadas por una delirante ideología mamerta y otras más propias del chavismo que tanto cautiva a las Farc. Con ello abrieron la posibilidad de que el clientelismo que comanda el saliente ministro de Gobierno elaboraran el proyecto que ellos mismos van a hundir.

Además, están diciendo una mentira, porque lo van a tramitar por Fast Track, desconociendo las sentencias de la Corte Constitucional. Una lectura juiciosa del proyecto deja claro que ninguno de sus artículos tiene que ver con el proceso con las Farc. De lo que se trata es de desviar la atención y en el caso del ministro Cristo, de despedirse con una propuesta que él sabe fracasada pero de cuyo hundimiento no podrán responsabilizarlo.

Ahora, la Sentencia que desmonta la posibilidad de usar el Legislativo para lo que el Gobierno quiera significa que el debate volverá a ser eterno porque cualquiera podrá proponer cualquier cosa, además de que el Congreso podrá cambiar su contenido, lo que subirá el volumen de la mermelada. Esa sentencia, la sanción a la aplanadora del oficialismo que renunció al poder soberano de legislar a través de un acto legislativo que desconoció la Constitución y la voluntad nacional, significará la lápida para el infeliz proyecto.

Lástima que se haya perdido otra oportunidad para limpiar la política de tanta vagabundería. Esa es una aspiración de los colombianos y una necesidad para mantener la democracia que agoniza por las maniobras que pretenden implantar el unanimismo y acabar la oposición.

Lástima que se haya dilapidado también la posibilidad de cambiar la justicia, para devolverle su valor como la institución más importante para mantener la paz y la concordia. Ahora tendremos que someternos a lo que ya se está haciendo: liberar a criminales como el que ideó la voladura del Club El Nogal, a los paramilitares y miembros de las Farc que arrasaron con Bojayá, a los criminales que asesinaron a los once diputados del Valle y a los paras que asolaron a Urabá.

Se perdió pues la posibilidad de reformar la política. Por supuesto, algunos dirán que Cristo hizo una faena que debemos agradecerle. Pero entre los colombianos quedará el vacío de saber que sus dirigentes no pueden cambiar lo que deben cambiar porque ponen en peligro sus intereses.

Sigue en Twitter @LuguireG

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