Las patas de la sota

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Con decisiones dignas de una dictadura en la cual desaparece la división...

Las patas de la sota

Diciembre 18, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Con decisiones dignas de una dictadura en la cual desaparece la división de poderes que garantiza la democracia, culminó el proceso para asegurar el Nobel y la firma del grupo más rechazado por los colombianos. Ahora empieza su aplicación, en la cual se asoma ya lo que es un secreto a voces, la lucha por el control del narcotráfico.El comunicado leído por la presidenta de la Corte sobre la sentencia da ganas de llorar. Llámese fetichismo o como se quiera, a los abogados nos enseñaron que la ley, en especial la Constitución, es para respetarla y acatarla como el árbitro de cualquier sociedad. Lo que hizo el Tribunal creado para defenderla fue lavarse las manos con retóricas. Ese principio que enseñan en las facultades de Derecho ya no sirve. Ahora, lo que se debe hacer es interpretarla de tal manera que sirva a los intereses que detentan el poder. Ya no es un asunto de hacer respetar las decisiones del Constituyente Primario, que fue consultado y expresó su opinión, si no de suplantarlas con las mayorías del Gobierno en el Congreso, derrotadas y sin legitimidad para cambiar la Constitución como lo están haciendo. Y para ello basta que esa mayoría de la bancada oficialista, la Unidad Nacional, ratifique lo que aprobó en forma de aplanadora: desconocer con una simple proposición la voluntad popular expresada en un plebiscito. Así, esa clientela decide por sí misma, y sin más, que siga adelante la aplanadora para aprobar las reformas constitucionales y legales que se requieran para cumplir sus compromisos con las Farc. Nada más. Lo que se produjo es el triunfo del relativismo jurídico sobre el acatamiento de la ley como autoridad máxima. Es decir, la ley se aplica dependiendo de quién o qué lo requiera, con un Congreso amarrado. En este caso, y según el lamentable fallo, lo reclaman el Presidente de la República y el régimen que lo respalda. Lo que sigue será anular el artículo quinto del Acto Constitucional elaborado por ese régimen en la euforia que vivía antes del Plebiscito, según el cual, la autorización para el Fast Track tendría vigencia sólo si triunfaba el Gobierno en esa consulta. Pero perdieron, luego hay que anular lo que la aplanadora aprobó, es decir, borrar con el codo lo que hicieron con la mano. Y a otra cosa mariposa. Ahora, el asunto ya no es escuchar a esa mayoría que le dijo No a un acuerdo lesivo y peligroso, donde el Estado de Derecho es desconocido como si hubiera sido derrotado por las Farc. Lo que sigue, luego del paseo del Primer Mandatario recogiendo medallas por el mundo, es continuar el golpe propinado a las instituciones democráticas. Y esperar a que se resuelva el conflicto dentro de las Farc por el control del narcotráfico y el poder. Eso es lo que empieza a aparecer con la despedida de Gentil Duarte, Euclides Mora, John Cuarenta, Giovanny Chuspas y Julián Chollo, cinco individuos que suman más de cien años en las Farc. Los echan dizque por narcos, pero la verdad es que salen de ellos porque desconocen la autoridad máxima del negocio. En adelante, las novedades las producirá la lucha por el poder en la mafia que domina la ilegalidad permitida por la ausencia del Estado. Es la crisis del otro régimen, el que negoció con la aplanadora que domina el poder del Congreso, del Ejecutivo y el de la Justicia. Es la lucha por el control del narcotráfico que seguirá poniendo los muertos en el sur de Colombia porque los representantes del Estado de Derecho renunciaron a defenderlo y lo transaron sin vergüenza.

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