‘La vuelta’

‘La vuelta’

Mayo 08, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Consiga usted un Fiscal General de la Nación y puede lograr que el narcotráfico sea interpretado como parte de un acuerdo que será considerado tratado internacional. Con ello garantizará impunidad y no lo obligarán a dejar el negocio antes de dos años.Así se insista en convencernos que la clave de la violencia en Colombia es la exclusión política, el asunto es totalmente distinto. Es el narcotráfico, del cual se apoderaron las Farc. Y ese dominio del negocio es interpretado como control territorial que crece mientras en Bogotá tratan de darle otra interpretación. El sur del país está invadido de cultivos ilícitos. 160.000 hectáreas son el espacio que en los últimos años han ganado las Farc. Entretanto, el Estado renuncia a combatir ese mundo de la ilegalidad, mientras la guerrilla, el cartel más grande del mundo, convierte en sus súbditos a los cultivadores, a los raspachines, al microtráfico, a los sembradores de marihuana en el norte del Cauca. Esa es una de las partes esenciales de la negociación en La Habana. No se si la suspensión de la fumigación aérea y el retiro de la presencia masiva de la Fuerza Pública en el territorio que ahora dominan las Farc y el ELN hayan sido parte de esa negociación. Pero, en la práctica, eso está ocurriendo. Es como si en Bogotá se estuviera cambiando el ejercicio de la autoridad en las provincias por la firma de un acuerdo en el cual el narcotráfico se considera un delito accesorio. La maniobra se perfeccionará si tiene éxito la demanda, en apariencia inocente, de Eduardo Montealegre. ‘La vuelta’, como dicen los delincuentes, consiste en reconocer como tratado internacional a lo que se acuerde con las Farc. Para ello se involucra a la Corte Constitucional, sin importar que no hay nada sobre lo cual pronunciarse porque aún no existe un acto jurídico válido que deba ser objeto de control constitucional. Y la Corte cae en la trampa, o no se resiste al interés por intervenir en la negociación con las Farc. Mientras tanto, el Gobierno se manifiesta con timidez, a sabiendas de las funestas consecuencias que puede tener el triunfo de esa ‘vuelta’. Todo ello coincide con el cambio de la política antidrogas y la solicitud a la ONU para que el nuevo enfoque sea aplicado a discreción por cada gobierno. Es decir, para que pueda ser negociada sin que intervenga la Comunidad Internacional.Hace veinticinco años, Pablo Escobar y Rodríguez Gacha se empeñaron a sangre y fuego en hacer reconocer su negocio como una organización política. Fracasaron, dejando un mar de sangre detrás de su intento. Ahora, las Farc están muertas de la risa porque tras de lo mismo están Senadores, las Ong, el fiscal Montealegre y un Estado que parece dispuesto a suspender el combate a las mafias que se esconden detrás de las siglas cincuentenarias de la guerrilla.Pero en la provincia se revive el drama que se produjo a finales de los años noventa, cuando los narcos se aliaron contra el poder de la guerrilla, apoyaron a los paramilitares que se inventaron para combatirla y llevaron al país al borde de la guerra civil. Al final, sólo la intervención de los Estados Unidos y la decisión de reformar y fortalecer la Fuerza Pública mediante el Plan Colombia permitieron detener el avance del narcotráfico y los narcocultivos. Ahora vamos de pa’tras. Y si nos descuidamos, la ‘vuelta’ de Montealegre, la tibia reacción del Gobierno y la pasividad de la Fuerza Pública nos pueden llevar, otra vez, al borde del desastre.Sigue en Twitter @LuguireG

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