La voz de las víctimas

La voz de las víctimas

Agosto 10, 2014 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Las reunieron dizque para que hicieran propuestas que serán llevadas ante la mesa de diálogos. Trataron de que cumplieran con los protocolos definidos por la Universidad Nacional y la oficina de la ONU en Colombia. Pero se equivocaron.En vez del resultado que esperaban del despliegue que se hizo con el Encuentro de Víctimas en el Centro de Eventos, abrieron una enorme caja de pandora. Como lo describió Ana María Saavedra, redactora de El País, el pasado miércoles, fueron “1637 corazones adoloridos. 1637 historias. 1637 víctimas. 1637 personas que querían ser escuchadas. Que querían dejar de ser invisibles”. Trataron de manipularlas de un lado y del otro. Se vio al sombrío senador Iván Cepeda y su corte. Aparecieron los cercanos a los paras. Llegaron los que buscaron el aplauso. Quisieron que respaldaran la reducción a 60 personas la representación de seis millones y medio de víctimas que se sentará en la mesa de La Habana a hablar, yo no sé de qué, con las Farc y el Gobierno.Pero no pudieron. No pudieron hacer la discriminación entre víctimas del “terrorismo de Estado” o de “los agentes del Estado”, o de los paramilitares o de la guerrilla, para luego definir la representación proporcional entre los 60 elegidos. Pese a que lo tenían todo preparado, no pudieron convertir el Encuentro en coro de aplausos, de divisiones y respaldos imposibles. No pudieron, porque la voz de las víctimas que citaron, las verdaderas y no las prefabricadas a través de colectivos de abogados, senadores y exsenadores, fue superior a todos esos intentos. Las 1637 personas fueron superiores a esa mezquindad. Y pidieron lo que piden las verdaderas víctimas: que las escuchen. Que les digan la verdad. Que no las engañen. Que no les mientan. Que se haga justicia. Que no las manipulen ofreciendo 60 cupos para viajar a Cuba a hablar con uno de los más grandes y activos victimarios de la historia de Colombia. Que no les pidan propuestas porque eso es un imposible. Y exigieron que quienes los convirtieron en eso, en víctimas, respondan por sus actos dándoles la cara a todas ellas. Que les digan porqué las atacaron, porqué destruyeron su familia, porqué los sumieron en la incertidumbre. Y porqué trataron de condenarlas al olvido. Hicieron lo que Henry Eder hizo una semana antes del encuentro, en la celebración de los 150 años de Manuelita. Allí, frente al Presidente de la República, recordó 4 veces el secuestro y asesinato de don Harold Eder, hace 50 años. Es que todas las familias de Colombia, sin distinción ninguna, son víctimas. Es que una negociación con un grupo de violencia no puede ser el escenario para lavar su imagen tratando de demostrar que hicieron lo que otros hicieron. Es que 60 delegados no son suficientes para representar el horror que han producido las Farc, el ELN, los paramilitares y los demás agentes de la violencia. Eso fue lo que demostraron las 1637 personas de que habló Ana María. Su clamor fue algo inédito en el mundo Eso es lo valioso. Esa es la catarsis que necesita Colombia. Pretender convertir a 60 personas en voceras de seis millones de víctimas, es el peor error. Es no entender el fenómeno producido por un Estado que no ha cumplido su misión de ser árbitro imparcial de la sociedad. Eso fue lo que dijeron las 1637 voces. Y el que quiera oír, que oiga.

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