La voz de Aguablanca

Abril 17, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Contra todos los intentos por silenciar o aprovechar los dramas que la marginalidad produce en el Distrito de Aguablanca, quienes levantan la voz para contar la verdad y reclamar justicia y apoyo se convierten en factores de esperanza y motores del cambio.Ese es el papel que durante treinta años ha realizado la hermana Alba Stella Barreto. Su dedicación y los resultados de su trabajo han sido destacados con frecuencia por los medios de comunicación y los periodistas. Por su reconocimiento en las comunidades a las cuales no se cansa de servir, y no por otra cosa, ella es la voz de quienes han llegado a los barrios más saturados de desplazados por la violencia y la miseria del suroccidente colombiano. Ella conoce como nadie esa selva que ha construido la marginalidad en Cali. Una selva llena de toda suerte de necesidades que se mezclan con toda clase de delincuencias para crear un mundo difícil de entender y casi imposible de resolver. Es el reinado de las fronteras invisibles, de los jóvenes cuya esperanza de vida no supera los 18 años, de los desplazados, casi todos campesinos que a duras penas pueden comunicarse entre sí.Es el vacío de Estado que da paso a imperios donde la vida vale un peso, donde las pandillas son expresión de soledad, donde los amos del narcotráfico encuentran su carne de cañón; donde los esfuerzos de los gobiernos parecen apenas gotas en medio de un mar de necesidades sin límite. Donde las medidas de seguridad no encuentran la comprensión de los habitantes que crean su propio universo, limitado, peligroso, y en silencio.En ese mundo, la hermana Alba Stella se ha convertido en vocera respetable de quienes necesitan ayuda. Son miles de personas las que han recibido su apoyo desinteresado y generoso. Son miles las vidas que se han salvado y han encontrado oportunidades gracias a la gestión de la religiosa. Pero también son numerosas las que se han perdido porque la ayuda no llegó con la oportunidad debida, o porque la incomprensión se ha mezclado con el clientelismo voraz que pretende comprar conciencias y celebrar contratos en los cuales lo que menos importa es el bien común.Hace unos días, la hermana nos dio una lección de lo que debe hacerse para lograr la paz sin tanta retórica. En un conversatorio con periodistas sobre el papel de los medios en el llamado postconflicto, ella contó que lleva varios años explicándole a los desplazados y a las víctimas asentadas en su vecindario lo que ella llama post acuerdo. Y haciendo pedagogía sobre lo que debemos hacer para alcanzar algo de la paz que hoy manosean sin consideración alguna, profundizando las heridas en vez de cerrarlas.Por eso necesitamos más hermanas Barreto y menos micrófonos en La Habana o en Bogotá. Necesitamos más personas que se conviertan en voceras de quienes necesitan recuperar sus vidas regresando a los lugares de donde fueron desplazados, o de quienes quieren construir una nueva en Cali sin tener que engrosar la ilegalidad y las estadísticas de la violencia. Necesitamos quién enfrente la voraz burocracia politiquera de entidades como la seccional de Bienestar Familiar que desde hace muchos años aprovecha la distancia de Bogotá para tomar decisiones absurdas e interesadas que destruyen las buenas intenciones de su directora nacional. Ese es uno de los tantos papeles que cumple la hermana Alba Stella Barreto.Sigue en Twitter @LuguireG

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