La vida te da sorpresas

Octubre 09, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Subidas y bajadas, sorpresas y más sorpresas, al mejor estilo de la ópera escrita por Rubén Blades. Y en medio de todo, lo que queda como tarea es la obligación de alcanzar un acuerdo, ese sí nacional, para lograr que la paz sea al fin nuestro sueño cumplido. No creo que Colombia haya vivido una semana tan vertiginosa como la que acaba de pasar. Con una sorpresa enorme en su inicio, el lunes amanecimos teniendo que reconocer que casi nadie en el cada vez más estrecho y alejado círculo de la política, sabe lo que piensan y lo que quieren los colombianos. Por eso se abstuvo el 63% de los que tienen capacidad de votar. Y de los que lo hicieron, la mitad más 60.000 dijeron que no al acuerdo con las Farc. Hoy aparecen más analistas que votantes para pontificar sobre el resultado. Lo que queda claro es que la clase política empeñada en mantener sus feudos mediante la prebenda y la compra de votos salió sólo en los medios a decir sus improperios y sus adhesiones interesadas. Pero no movilizó a su electorado cautivo porque no le pagaron lo que pedía. Así, los derrotados no fueron los que votaron con fe por el Sí al acuerdo de La Habana sino los que vieron en él una bandera partidista y en la división de los colombianos un filón para fortalecer su hegemonía. Entre otros, están los Ñoños, los dirigentes del Partido Conservador, el gerente de la campaña del Centro Democrático y los que descalifican a quienes piensan distinto. También fueron muchos los que no querían el acuerdo por razones muchísimo más diversas que seguir al Centro Democrático: porque no les gustan las Farc, porque no le creen al presidente Santos, porque consideran que el acuerdo tiene errores y genera problemas. O porque no les interesa y no consideraron creíble el plebiscito, como lo expresa la gran abstención. Luego vino el encuentro del presidente Santos con los representantes del No, encabezados por los expresidentes Uribe y Pastrana, que no pudieron impedir las declaraciones del Ministro del Interior y de la Canciller, sugiriendo que ya no había nada que hacer y que mejor se fueran los del No a negociar con las Farc. De esa convocatoria debe salir el acuerdo para renegociar lo que sea posible, así no le guste a los triunfalistas de un lado y los derrotistas del otro.También es sorpresa el que los jefes de las Farc no se hayan cerrado a ese cambio que pidieron los votantes del pasado domingo. Ojalá no escuchen a quienes insisten en decir que ya todo está acordado, como la Canciller, el Ministro del Interior y un insufrible abogado español que parece el vocero de la verdad. Ojalá aprovechen la puerta que se les ha abierto para hacer, ahora sí, política. Por último, los miles de manifestantes espontáneos, sin distingo del Sí o del No, que salen a la calle están diciendo que hay que alcanzar la paz. Que hay que ponerse de acuerdo para dejar atrás la barbarie. Esa es la voluntad nacional, por encima de la política entregada al clientelismo, al reparto del poder y a darle la espalda a la opinión nacional. Y para culminar, los jurados del premio Nobel de la Paz decidieron entregárselo al presidente Juan Manuel Santos. Justo reconocimiento a quien ha luchado por conseguir la paz mediante la negociación. Por las razones que sea, él, que estuvo en la guerra como Ministro de Defensa, ha sido la cabeza y el motor de los esfuerzos para pacificar a Colombia. Felicitaciones.

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