La verdad y la historia

La verdad y la historia

Diciembre 03, 2017 - 07:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Se instaló la Comisión de la Verdad que el Gobierno acordó con las Farc y eligieron como su presidente al padre Francisco de Roux . Sobre sus hombros estará la misión de hacer que lo que salga de esa Comisión sea la verdad que necesita Colombia.

El padre de Roux es un gran ejemplo de los esfuerzos por reconciliar a un país que ha crecido en medio de la violencia. Sin abandonar nunca su compromiso como sacerdote, él ha transitado por las más escabrosas circunstancias en el Magdalena Medio y en muchas partes de esta Colombia herida a diario por el terror que despierta la ambición por apoderarse de sus riquezas, por la violencia común disfrazada de política y por la ausencia de un Estado que no llega a donde la gente lo necesita.

Ese compromiso le ha valido al padre Francisco el que lo señalen de comunista y aliado de las guerrillas, o que lo acusen de ser mandadero del imperialismo y del establecimiento. Ambos lados lo han juzgado y condenado a muerte. Y ambos lo han defendido de sus enemigos y de los sicarios de uno y otro lado que iban a atentar contra su vida por cumplir con sus principios.

Al padre Francisco y a diez más les toca decirnos cuál es la verdad de nuestra violencia, aunque hay muchos temores sobre lo que resulte. Se sabe que nació del interés de las Farc por lavar su imagen, pretendiendo mostrarse como víctimas para justificar sus cincuenta y dos años de persistencia en el terror y la muerte contra ese pueblo que decían defender.

Para conseguir la firma de las Farc, el Gobierno aceptó entre otras cosa crear una entidad que tendrá tres años para encontrar la verdad. Aunque no se ha aclarado si será la verdad oficial, no servirá para cubrir la ausencia de la academia en la investigación rigurosa y objetiva de nuestra historia del último siglo.

Esa historia debería ser la verdad de nuestra Nación. La que es imparcial y muestra todas las facetas de lo acontecido; la que llega hasta el fondo, nos cuenta quiénes somos y de dónde venimos y entrega la mayor cantidad de hechos posibles para que sea el ciudadano el que pueda tomar conciencia. Esa es la manera de tener historia para no repetirla.

Pero nosotros no tenemos esa historia. Quizás esté en los periódicos, en las imágenes de la televisión y en los audios de una radio que ha llegado a muchos rincones del país. Es por eso que los medios de comunicación se apropiaron del concepto para declarar como histórico un partido de fútbol o un reinado, mientras registra como normal los terribles hechos que se producen aquí.

Por eso la comisión. Aunque el padre de Roux es garantía de integridad, entre sus integrantes estarán personajes como el señor Alfredo Molano, cuya ideología y afinidades brotan en sus libros, en sus crónicas y en sus columnas. Eso no puede desconocerse.

Nuestra violencia es producto de conflictos nunca resueltos, de la ausencia de un Estado que sea árbitro para resolver nuestras disputas y capaz de poner el bien común por encima de cualquier interés. Pero, ante todo, de la ausencia casi total de una historia que nos muestre dónde nos equivocamos, por qué nos equivocamos y qué debemos hacer para no repetir esas equivocaciones.

Ahora llegamos a la Comisión de la Verdad. El padre de Roux ha asumido la responsabilidad de hacer que esa instancia funcione y hay que apoyarlo. Lo contrario es arriesgarnos a que de ahí salga un resultado que profundice nuestras divisiones y nuestros rencores eternos.

Sigue en Twitter @LuguireG

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