La última jugada

La última jugada

Noviembre 20, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Después de dar muchas vueltas, de usar la negociación con las Farc como bandera partidista, y navegar en el mar de la confusión más espantosa, llegamos al punto del cual nunca debimos salir. Ahora, el Presidente de la República debe asumir la responsabilidad de aprobar el acuerdo que firmaron sus delegados y empezar a tramitar su implementación. El nuevo acuerdo es más de lo mismo. O peor. Lo que hicieron fue maquillarlo con arreglos que no resuelven las dudas de los votantes que no lo aprobaron y de la inmensa mayoría que se abstuvo. Así pretendan presentar un arrepentimiento y una rectificación al trunfalismo que tuvieron antes del dos de octubre, la verdad volvieron a caer en los mismos errores. Ejemplo: dicen que el Tribunal de la Justicia Especial para la Paz, JEP, ya no tendrá magistrados extranjeros. Pero sus integrantes serán escogidos por las mismas ONG que definieron en el primer acuerdo. También se dice que habrá tutela ante la Corte Constitucional. La verdad es que esa JEP revisará y fallará en primera y segunda instancia esas tutelas. Luego, una sala paritaria constituida con integrantes del Tribunal y de la Corte decidirá qué recursos serán revisados por esta última. Pero aún: en caso de que haya empate, quien decide si una tutela es revisada por la Corte Constitucional es el presidente de la JEP. Es decir, la Corte Constitucional ya no ignorada si no sometida. Igual pasará con las sentencias anteriores de la Corte Suprema y el Consejo de Estado, y con las condenas contra las Farc y sus integrantes así sea en materia de violación a los Derechos Humanos y en razón a crímenes de lesa humanidad.Esos cambios se muestran como si cumplieran el mandato del NO. Y después de asegurarle a sus voceros que habría espacio para el análisis, desde las Farc hasta el presidente Santos dijeron que ese era el acuerdo definitivo, que no hay lugar a modificaciones y que lo toman o lo toman. Punto. Ahora están enredados en la refrendación. Lo claro es que si lo someten a un nuevo plebiscito como sería lo ideal, el No volverá a ser mayoría. Entonces se inventan imposibles como un cabildo popular en cada municipio o la votación a través de los consejos. Y terminan en que la refrendación la hará el Congreso. Pero este no tiene esa atribución. Es más, sería una intromisión indebida en las facultades que corresponden al Jefe de Estado. Queda entonces lo que siempre existió y se han negado a aplicar: la Constitución. Convirtieron la paz en bandera partidista, dividieron al país, jugaron con las Farc como aliados y trataron de eludir la responsabilidad política y jurídica que le cabe a los gobernantes por sus actos. Y perdieron. Ahora, el Presidente deberá aprobar el acuerdo y tramitar las reformas constitucionales y legales conforme a la Constitución, no con lo que se inventaron en el Acto Legislativo 01, donde se establecen atribuciones dictatoriales al Presidente y en el cual, en su artículo 5, ordena la aprobación por refrendación popular como requisito para que entre en vigencia. Es decir, con el NO del plebiscito expiró, salvo que haya un nuevo plebiscito.Al hacer una crítica del comunismo del cual fue figura prominente, Nicolás Buenaventura escribió en su libro ¿Qué pasó Camarada?: “Un hombre salió de su casa a buscar el tesoro anhelado, su salvación. Entonces recorrió el mundo. Y de pronto, por fin, encontró ese lugar, allí estaba el tesoro. Pero no era fácil creerlo porque, otra vez, estaba ante la puerta de su casa.”

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