La rebajona

Septiembre 06, 2015 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

La intención de emitir un decreto con el cual se perjudicaba toda la cadena de producción que nace de la caña de azúcar, desnudó en toda su dimensión el afán por privilegiar a unos en desmedro de los demás Pero el retroceso del Gobierno demostró lo que puede la unión para impedir las consecuencias que paga la provincia colombiana por el centralismo bogotano.La discusión se centró en la posibilidad de reducir del 117% al 40% en tres años el máximo del arancel que puede aplicarse a la importación de azúcar, basado en el precio internacional. Es decir, de exponer a un sector que no es sólo el azúcar que producen los ingenios del Valle, como lo han presentado quienes desde la radio y en Bogotá pontifican sin saber de lo que están hablando. Es el sector que empieza con los agricultores, sigue con los proveedores de insumos, continúa con los empleados y las familias que viven de la panela y el comercio de los derivados de la caña, y termina con los impuestos municipales, departamentales y nacionales que paga la cadena.Esa cadena productiva nace de la iniciativa privada. Por supuesto, en ella hay grandes empresarios y grandes empresas. Pero también están miles de pequeñas y medianas industrias, que durante décadas han generado riqueza, progreso y estabilidad. Todo ello es producto de una decisión afortunada para proteger la actividad económica más distorsionada en el mundo por los subsidios estatales y las barreras arancelarias y fitosanitarias. Pero los técnicos del neoliberalismo, algunos ministros que no conocen el país y algunos miembros de la Andi, consideran que esa medida es injusta. Y que deben bajarse los aranceles hasta lograr que los amos de los alimentos manufacturados, que tienen grandes defensores en el Gobierno, sean beneficiados por la posibilidad de importar azúcar a discreción. Ellos no parecen entender que el arancel máximo, que nunca ha sido aplicado, es un mensaje sobre la voluntad de defender un sector neurálgico para la Nación.Es el precio bajo, dice la Ministra de Comercio, que debe garantizarle a 43 millones de colombianos. El precio, dicen Nutresa, los que hacen lobby eficaz desde la Andi, y aquellos que prefieren poner en peligro el campo como lo hicieron en 1990 con una apertura que causó un gran daño. Para ellos no importa que se ponga en riesgo una actividad que ha permitido el único desarrollo agrícola e industrial serio en el suroccidente colombiano e impide que seamos víctimas de la ausencia de Estado. Lo que les interesa es la rebaja que pasará a engrosar las utilidades de unos y no beneficiaran a los consumidores. Las leyes del mercado, que llaman. Por fortuna, desde los capitalistas vallecaucanos que tanto odian en Bogotá hasta los más humildes paneleros y los más serios dirigentes de la izquierda, pasando por los sindicatos, los congresistas y uno que otro funcionario entre los cuales no estuvo el Gobernador del Valle, hicieron causa común contra los propósitos de quienes idearon, promovieron y presionaron la rebajona. Hasta ahora, la sensatez le ganó a quienes pretenden gobernar desde 2600 metros más cerca de las estrellas, así hayan nacido a un metro sobre el nivel del mar. Con el acuerdo se mantendrá en un 70% el máximo del arancel, que en muy pocas veces ha debido aplicarse en esa dimensión. Y contra los defensores del capitalismo salvaje y voraz, sobrevivió el mensaje de que Colombia es capaz de defender a sus sectores productivos de la antropofagia que patrocinan en la capital.

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