La protesta de Venezuela

Agosto 09, 2015 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

En Venezuela están pasando muchas cosas en la política, y no por causa de las elecciones o de las peripecias de la oposición. Es la gente del común que empieza a rebelarse contra el destino que le han marcado sus gobernantes, la violencia, la pobreza y la escasez que la está asfixiando.Pese a los esfuerzos por asfixiar la prensa libre, ya es inocultable que las colas que deben hacer los venezolanos para buscar los cada vez más escasos productos de primera necesidad se están convirtiendo en focos de desorden. Por eso, el Gobierno ha tenido que ubicar batallones alrededor de esas colas que ahora son el símbolo de la protesta social.La situación es tan grave que ya se producen asaltos a los camiones que transportan los alimentos y las autoridades deben disparar para mantener el orden en las colas. Es la rebelión contra la falta de abastecimiento y la forma en que el régimen destruye la economía. La reacción desesperada de quien tiene dinero con qué comprar pero no encuentra lo que necesitan su familia o sus enfermos.El dinero es otro de los dramas de los venezolanos. Ni en los bancos se consiguen billetes de 10 bolívares en adelante. La pérdida de poder adquisitivo de su moneda es tan grande, que les deben entregar montañas de uno o dos bolívares, los cuales sirven para comprar muy poco. Sacar plata de un cajero es imposible en un fin de semana y solo se pueden retirar 40 mil bolívares en cheque, algo menos de 170.000 pesos.Así se está llegando en Venezuela a la implantación del comunismo, donde el Estado acaba con los sistemas productivos, solo unos pocos se apoderan de la riqueza, en este caso el petróleo, y desarticulan los sistemas de control, la Justicia y el Congreso, para hacer lo que les viene en gana.El resultado del experimento que duró 70 años en Rusia y Europa del Este será el mismo en la tierra de Bolívar: la escasez genera inconformidad, los gobiernos terminan ante el dilema de reprimir al pueblo o derrumbarse impotentes así tengan armas nucleares. Lo que en teoría debía igualar en la prosperidad a las naciones, se convierte en mafias que sucumben dejando miseria y frustración.En Venezuela, el comunismo apenas empieza. El chavismo se quedó con el petróleo y desmanteló el Estado democrático, manteniendo su fachada para tener fachada de legitimidad. Y armó ejércitos de malandrines que viven de la violencia e incluso atacan a los amos del régimen para robarlos. Para distraer la atención, incrementa los conflictos con los vecinos, tratando de despertar el nacionalismo. Y los colombianos son expulsados por montones o acusados de ser quienes ponen el desorden. Xenofobia pura para mantener la tiranía que de nuestra parte solo recibe silencio.Así, la política desaparece, la justicia no existe y solo quedan las protestas de las colas como espontáneas expresiones de la inconformidad ciudadana. ¿Cómo hace un país para no rebelarse contra la escasez, el hambre, la falta de medicinas y las colas eternas? ¿Cómo no se subleva contra los especuladores, los ‘bachaqueros’ que se les arriman en las colas para ofrecerles el arroz, la leche o la aspirina a precios que superan diez veces los oficiales? ¿Cómo se mantiene tranquilo sabiendo que su moneda es un papel inútil?Ese es el camino que transita Venezuela. Mientras tanto, Colombia guarda silencio ante el drama al que están expuestos millones de compatriotas que viven allí.

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