La política del chantaje

La política del chantaje

Junio 12, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Por enésima vez, los negociadores del paro que se tomó la carretera Panamericana desde hace 15 días anunciaron la apertura de la vía. Que se permita a los organizadores del paro decidir cuándo y cómo se reabre es una concesión afrentosa, producto de la falta de autoridad y del diálogo que no conduce a ninguna parte. En la carretera entre Santander de Quilichao y Popayán no se está negociando una protesta del campesinado nacional, ni de los agricultores de Colombia. Lo que hay allí es otra versión de la capacidad de chantaje de las organizaciones que se han tomado la vocería de los pueblos indígenas del Cauca y, de manera eficaz, ponen de rodillas al gobierno cada que quieren. Son 16 cierres de la vía en tres años. Con ellas logran que el Ministro de Agricultura y el del Interior se desplacen allí, se reúnan cuantas veces se les ocurra, instalen las mesas de negociación, se reconozcan los compromisos que los gobiernos no cumplen desde 1990, y listo. Luego empieza el forcejeo, hay una que otra pedrea, se producen muertos y heridos de los cuales se acusa a la policía. Y la olla comunal se mantiene encendida mientras el resto de la Nación, incluidas las comunidades indígenas, sufren las consecuencias. Y aparece el Gobierno que está dos mil seiscientos metros más cerca de las estrellas. Los Ministros van y vienen, sin escuchar a los representantes de la sociedad del Cauca, de los empresarios, de los enfermos, de los transportadores. De pronto, reclaman el triunfo de la apertura de un “corredor humanitario” como si fuera la gran conquista, en lugar de exigir la terminación del chantaje contra cuarenta y seis millones de personas.Pero nada pasa. Los Ministros dicen que es un logro la realización de “18 plenarias con la Cumbre Agraria y 75 mesas regionales”, señales de la buena voluntad del Gobierno Nacional con los manifestantes que secuestran cuando quieren al suroccidente de Colombia. Pero no hay resultados efectivos porque siempre se firman compromisos imposibles de cumplir.Así se secuestra una región. Es la más afectada por el conflicto, por el narcotráfico, por la guerrilla durante décadas. Donde esos dirigentes asaltan haciendas cuando quieren, desafiando al Estado que debe garantizar a la propiedad privada, en tanto el cada vez más extraño Ministro de Defensa se pasea por Popayán. Aquí, se paga la falta de autoridad con la interrupción de las vías, la carestía en los alimentos, la escasez, la especulación y la violencia. Aquí son silenciados los reclamos de quienes padecen la invasión de sus tierras y las palizas a los periodistas que son rociados con gasolina por contar lo que ocurre y tomar las fotos que lo demuestran. Todo eso es enmudecido para preservar lo que algunos consideran la paz y por la distancia cada vez más grande entre el centro y la provincia colombiana. Es la paz a cualquier costo que no puede ser aceptada, porque no es paz. Es la mala interpretación de los deberes que le corresponden a cualquier funcionario público en defensa de la sociedad, su verdadera obligación. Y que no nos vayan a salir con otro acuerdo que muestran como un triunfo del diálogo, mientras el Cauca sigue siendo escenario del narcotráfico y de las invasiones a la propiedad privada. Con seguridad, será otro acuerdo lleno de compromisos que no se cumplen, mientras se prepara otra toma en el 2017. Será el chantaje número 17 de los últimos cuatro años. Sigue en Twitter @LuguireG

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