La herencia de Uribe

Agosto 08, 2010 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Ayer llegó a su fin el gobierno de Álvaro Uribe. Un gobierno duro, polémico, discutido y exitoso que pasará a la historia como el momento en que cambió el destino de Colombia.Sé que esas afirmaciones despertarán la reacción de quienes convirtieron casi en profesión denigrar de Uribe, asimilándolo a lo peor y desconociendo sus logros. Y no faltarán las descalificaciones por el sólo hecho de reconocerle su extraordinaria capacidad para transformar esta sociedad confundida con un Estado fallido, en una que volvió a creer y empezó a derrotar la violencia sistemática en contra de su gente.Porque eso fue lo que ocurrió. Hace nueve años vi a un hombre menudo que apoyado en su discurso llegó a Cali hablando para el que quisiera oirlo y predicando casi en solitario, acompañado de unos pocos amigos. Era el momento en que las Farc por un lado, el paramilitarismo por el otro y el narcotráfico en el centro, hacían fiestas con la muerte; cuando no más de 50.000 personas declaraban renta y el Ejército apenas empezaba a fortalecerse para enfrentar el desastre. Cuando el deporte de la guerrilla era secuestrar y chantajear a un país atemorizado, y el de los ‘paras’ quedarse con la tierra de campesinos alegando que combatían la guerrilla, apoyados por no pocos políticos bandidos.Uribe le ganó primero a la maquinaria que acompañaba a Horacio Serpa, convenciendo a la gente que se podía votar por un liberal sin dejar de ser conservador o de cualquier color. Y mientras Venezuela, el Ecuador y otros más caían en el populismo de izquierda, en Colombia ganaba espacio el reclamo por libertad y orden en la voz de un político cuya capacidad de comunicación y de servicio hacían posible lo imposible.Y después derrotó al pesimismo, devolviéndole la fortaleza y fijándole un norte a la Fuerza Pública llevándola a alcanzar los éxitos más resonantes de su historia. Como también derrotó la maraña de acusaciones que en el contexto internacional hacían de Colombia una Nación paria cuyos ciudadanos eran sindicados por el sólo hecho de portar el pasaporte café. Soy consciente también de que se equivocó en muchas cosas como mantener el apoyo a gobernantes y políticos que le han ocasionado horrores a Cali y el Valle. Y ha sido grave su pelea con la Corte Suprema, o su manera de pasar por encima de cualquier cosa que se opusiera a sus designios, llevando al país al límite cuando se empeñó en su segunda reelección. Todo eso no alcanza a borrar lo que Uribe hizo por este país, por sus libertades, por su confianza y por su nombre en el contexto internacional. Una persona cercana me preguntó qué de bueno dejaron los gobiernos de Uribe. A manera de ejemplo le conté que tengo una maleta hace 15 años, atravesada por mil chuzones y con las bisagras descompuestas, producto de las requisas y los maltratos en las aduanas por donde he pasado. Que no se me ocurría cambiarla, porque con la nueva me iba a pasar lo mismo, consecuencia del inri que pesaba sobre los colombianos. En ese instante recordé que ya no ocurría lo mismo. Y que la gente que antes me miraba entre sorprendida y asustada por ser colombiano, ahora saluda con respeto y felicita a mi país. Entonces pensé que ya estaban dadas las condiciones para cambiar la maleta.

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