La gasolina de la protesta

Septiembre 15, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Sin terminar aún los paros que tanto daño le causaron a la imagen del Presidente, los errores que los produjeron siguen ahí, peligrosamente ignorados como si la protesta social se pudiera deshacer con maquillajes. Y como si la terquedad pudiera ser la fórmula para un país que está despertando y necesita cambios para evitar confrontaciones. Es el caso del precio de los combustibles. Se sabe que ese es un factor que afecta a las familias colombianas porque casi todas tienen por lo menos un vehículo con motor de combustión. También se sabe que aquí se decidieron por el transporte de carga más costoso, el de los vehículos con motores diesel y de gasolina, despreciando el sistema férreo movido con energía eléctrica más barato y menos peligroso. Y tenemos un transporte público basado en el consumo de derivados del petróleo a pesar de generar energía suficiente e infinitamente más barata, con lo cual podemos mejorar el medio ambiente y la movilidad en las ciudades.No obstante, la decisión ha sido incentivar el consumo de combustibles. Por paradójico que parezca, a quien más le convienen las carreteras en mal estado y con pendientes absurdas que demandan mayor consumo de esos combustibles es a los dueños del negocio de la gasolina y el acpm, porque esas dificultades implican mayor consumo. ¿A quién beneficia eso? No es difícil saberlo: en primer lugar al Estado, que tiene el monopolio del petróleo. Es decir, lo que tenemos es un estanco al estilo del aguardiente, como nos enseñaron los españoles en el Siglo XV. Mire usted: por cada peso que paga por galón, el gobierno recibe 45 centavos de impuestos. Además, es el dueño del 90% de Ecopetrol, lo cual le permite ordeñarlo sin control. A manera de ejemplo, este año se hizo pagar seis billones de pesos en dividendos. Y siga sumando: todos los concesionarios de petróleo en Colombia pagan cuantiosas sumas por la explotación. Y además, el Estado autorizó el cobro de una sobretasa que ingresa a los municipios y departamentos que las decreten. Total, más del 60% de lo que usted paga en las bombas de gasolina se va para las arcas públicas, es decir, la gallina de los huevos de oro. Lo que está bien en principio, si no fuera por el abuso que comete el monopolio: es dueño del petróleo, gana por la distribución, lo grava con toda clase de impuestos y tiene la facultad omnímoda de fijar el precio.El resultado es que tenemos uno de los combustibles más caros del planeta. Y el pato lo pagan los consumidores de toda clase de productos porque todo se transporta en vehículos movidos con diesel y acpm. Además, atenta contra la competitividad porque afecta los fletes que cobran los transportadores, puesto que los combustibles significan el 30% de sus costos.Por eso es protesta la gente. Y no es que al reducir los impuestos se afectará la capacidad de inversión de Ecopetrol, como dice el Ministro de Hacienda. Aunque ello implicará una reducción en los ingresos del Estado y la obligación de reorganizar el gasto público con seriedad, no significa “reducir los apoyos a la salud o a los ancianos” como dice el ministro Mauricio Cárdenas. Esas actuaciones explican por qué está el Gobierno tan lejos de los colombianos. Y por qué se resisten a revisar un asunto que compromete la capacidad de compra de la gente y destruye la competitividad, a pesar del daño que causa y las protestas que genera.

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