La entrega

La entrega

Enero 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Hoy se celebra en Bogotá la Convención del Partido Conservador. A juzgar por todo lo que la ha rodeado, puede decirse que en ella se protocolizará la entrega de los principios consagrados en 1851 y se agudizará la decadencia que le marcaron quienes han preferido la sombra segura del clientelismo a la lucha por un ideal. Y no es un asunto de defender a los que apoyan al expresidente Álvaro Uribe o al presidente Juan Manuel Santos. El problema, el gran problema, es que durante los últimos 16 años, la dirigencia que heredó el legado le negó la posibilidad de ser una alternativa de poder, como corresponde a un partido serio. Quedó claro ya que vale más tener asegurados el presupuesto público, los gajes burocráticos y un puesto en la mesa donde se reparten las dádivas, que luchar por los principios que le dieron al conservatismo la vigencia que tuvo durante 150 años. Nada importó permitir que las banderas predicadas por más de un siglo le fueran arrebatadas a cambio de lentejas. Ahora, quienes hablan de libertad y orden, de defender el bien común y la civilización, ya no pertenecen al partido de Caro y Ospina, porque dirigentes con trayectoria y méritos que podían ser Presidentes de la República fueron dejados a la intemperie, permitiendo que los destrozaran en elecciones en las cuales naufragaron sin respaldo. Ese fue el precio que pagó el que fuera pilar fundamental de la República por mantener las ambiciones de quienes a nombre del conservatismo y desde el Congreso se benefician con las cuotas y en el gobierno producen escándalos como el de la Dirección Nacional de Estupefacientes. Entonces, el partido Conservador dejó de pesar en la opinión pública y renunció a aspirar al manejo del Estado para convertirse en una sombra triste, manipulada por jefecillos que hacen cuentas sobre los votos que necesitan para reelegirse, o maquinan con pasión digna de mejor causa sobre las mangualas que deben realizar para mantener sus cuotas. Pero ese partido que protagonizó la historia colombiana, ése que dio batallas por construir la democracia y defender valores, agoniza en una convención dominada desde afuera por quienes no son conservadores. Eso es lo que se reunirá en la Convención en la cual se protocolizará la entrega del conservatismo. Las pocas voces que piden dignidad, que reclaman la independencia y la defensa de los principios, serán apabulladas por quienes se benefician de la mermelada, por quienes pagan delegados, hoteles y pasajes para que voten por la reelección, o por quienes se presentan como candidatos para convertirlo después en apéndice mendicante del uribismo. Es decir, por quienes anteponen sus intereses a la causa que les hizo posible figurar en la nómina oficial, así eso signifique que el partido que fue mayoría se complazca hoy con representar menos del 6% de la opinión nacional. Por ello, hoy se cerrará la posibilidad de ser alternativa para los colombianos. Y se cumplirán los temores de Laureano Gómez: "¡Ay del partido conservador si olvidando la doctrina se envenena con los personalismos! ¡Ay del partido conservador si rompiendo sus tradiciones y disciplinas se deja invadir por las estériles agitaciones politiqueras! ¡Ay del partido conservador si entrega su destino a las mentes equidistantes que sin fe ni amor al ideal, en los momentos de peligro, se repliegan al fiel de la balanza como trinchera de quietud y sosiego!".

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