La encrucijada

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En la historia de Cali como ciudad, quizás no haya existido un...

La encrucijada

Octubre 14, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

En la historia de Cali como ciudad, quizás no haya existido un momento más importante como el que hoy atraviesa. De cómo lo resolvamos dependerá el futuro como comunidad organizada, capaz de decidir su futuro por sí propio y no manipulada por el clientelismo de siempre.Esta introducción solemne es para decir que aquí están pasando cosas que ya no pueden ser miradas a distancia. Es el Sistema de Transporte Masivo, una realidad que hay que respaldar. Y es el orden y la autoridad en el tránsito, que rescata las calles de la ilegalidad que se escuda en la pobreza para mantener su dominio. Mejor dicho, es la definición de la cultura ciudadana basada en el respeto por los derechos ajenos y en el acatamiento de las normas para que todo funcione mejor. Eso es el MÍO, y no el enemigo de los pobres, argumento con el cual pretenden mantener la guerra del centavo y el imperio absoluto y amenazante del caos en las vías, del atropello al pasajero y la burla a las leyes, donde las multas se convierten en trofeos que no se pagan. El MÍO es otra cosa. Ahora, la gente está sintiendo la diferencia de montar en buses con aire acondicionado, cuyos conductores ya no están pendientes de guerrear por su sustento. Y aprende que un solo pasaje le sirve para atravesar la ciudad en la mitad del tiempo que gastaba antes, muy distinto a las épocas en las cuales tenía que pagar hasta cuatro pasajes y durar horas soportando el mal trato. Mejor dicho, es la diferencia entre la anarquía y el orden.Claro que habrá que acostumbrarse a que el MÍO ya no para en cualquier parte, y a comprar tiquetes en sitios precisos. Y habrá que caminar hasta los paraderos, aprender a manejar las rutas y a entender la red que debe cubrir toda la ciudad. Es decir, toca cambiar las costumbres y tener un poco de paciencia mientras se completa el sistema, hoy en manos de María del Pilar Rodríguez que da ejemplo de conocimiento y compromiso.Eso es lo que la ciudad decidió hace diez años y pese a las peores administraciones que ha tenido Cali en toda su existencia. No es un embeleco para los ricos sino la posibilidad de tener un medio de transporte respetuoso de sus pasajeros e igual para todos sus usuarios. Eso es mil veces mejor que el desmadre manejado por quienes explotan la necesidad de trasporte de millones de personas y la usan para seguir haciendo su voluntad, incluyendo la burla a la ley y la corrupción.Ese submundo es ahora respaldado por quienes se proclaman defensores del pueblo para tratar de conseguir dividendos políticos. Es el que está amenazando al secretario de Tránsito, Alberto Hadad, por su decisión de hacer respetar la ley y darle orden a la circulación de la ciudad haciendo que el infractor pague por sus errores. Es el que usa a los choferes mal pagos para defender su imperio, que se derrumba ante el avance del MÍO y la decisión de Hadad de imponer el orden.Esa es la encrucijada del Cali de hoy: mantener el pasado azaroso en sus calles o tener un sistema de transporte moderno. Ser transparente y respetar las normas o continuar en la borrasca que aseguran la ilegalidad y la amenaza. Y ser pasivos ante la amenaza de quienes quieren mantener el imperio de la ilegalidad o respaldar a quienes luchan por cambiar las cosas en beneficio de todos. Entre esas alternativas, ¿cuál escogemos?

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