La diferencia

La diferencia

Abril 14, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Compare usted la marcha que realizaron millones de colombianos el 4 de febrero de 2008 y la de Bogotá el pasado domingo. Se dará usted cuenta del daño que se ocasiona cuando al deseo nacional se le pone bandera y tanto la exclusión como el insulto reemplazan el llamado a la concordia y al consenso que sí producen beneficios. A principios de 2008 surgió en internet un llamado insólito a marchar por los secuestrados, por la paz y contra el terrorismo de las Farc que asesinaba y mantenía en campos de concentración a sus secuestrados. De pronto, ese llamado se fue extendiendo por todo el país, obligando al gobierno, a los partidos e incluso a los medios de comunicación a sumarse al movimiento. Fue un clamor por la paz verdadera. ¡No más secuestros! ¡No más mentiras! ¡No más muertes! ¡No más Farc!, fueron las consignas. Brotó así el sentimiento reprimido de una nación que despertaba del temor y convertía en movilización pacífica su rabia contra la violencia. Un sentimiento que salió a la calle vestido de blanco, movilizó a millones de personas y se quedó en la memoria de los colombianos. Fue la primera gran demostración de unidad nacional en un sólo objetivo, que expresó el desprecio y la censura hacia la barbarie de los dirigidos por ‘Tirofijo’, ‘Jojoy’, ‘Reyes’ y ‘Cano’. Allí ganó la unidad y el Estado obtuvo el respaldo para enfrentar al terror.Llegamos al 2013. Esta vez, doña Piedad Córdoba y su combo propusieron una caminata. Y se quedaron con el nombre de la paz que cinco años antes había movilizado al país, evitando claro está, la condena a las Farc y a su crueldad. Entonces, el país hubo de escuchar al presidente Juan Manuel Santos diciendo que él marcharía también para convocar el respaldo al diálogo que adelanta su gobierno con las Farc. Y a Petro, quien se sumó al coro para desviar la atención sobre su fracaso. Entonces realizaron la marcha el día de las víctimas. Pero poca condena se escuchó a quienes aún secuestran y matan y mantienen un imperio de narcotráfico. Bogotá fue el escenario de una puja por demostrar poder de movilización entre el Gobierno y los escuálidos partidos que lo acompañan, la Marcha Patriótica de doña Piedad y don Iván Cepeda. Y Petro, que decretó día cívico y obligó a los empleados del Distrito a salir. En tanto, el Congreso dio la espalda a las víctimas que convocó para escuchar su reclamo justo contra los violentos. Y la provincia colombiana, la que sufre el azote de las Farc, se quedó en su casa. Lánguidas marchas demostraron su indiferencia y el rechazo al intento por manipular el deseo de paz de todos los colombianos o por tratar de lavar la imagen de las Farc. Es que ahora ya no se habla de sus crímenes ni se les exige responder por ellos. Infortunadamente, los errores del expresidente Álvaro Uribe contribuyeron al discurso de moda en las altas esferas oficiales: el de calificar de enemigo de la paz y saboteador a quien se atreva a disentir de los diálogos. Así, ganó doña Piedad al demostrar la fortaleza de la Marcha Patriótica financiada por las Farc, según el Ministro de Defensa. Ganó Petro porque demostró para qué sirve el poder. Y ganó el intento de dividir a Colombia entre quienes le creen y quienes no le creen a las Farc; entre el centro y la provincia que con su silencio demostró su rechazo a la utilización de la paz. ¡Qué diferencia con la marcha del 4 de febrero de 2008!

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