La decadencia del Valle

Noviembre 02, 2014 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Algo muy grave está pasando en la Gobernación del Valle. Pese a las informaciones con las cuales pretenden convencernos de que todo va sobre ruedas, las cifras están mostrando que el Departamento va por un camino donde el clientelismo se impone a la necesidad de rescatarlo de una espiral perversa en la cual sólo se satisfacen los intereses de unos pocos. Es que no es aceptable hablar de un déficit de $32.000 millones para el 2015, mientras algunos funcionarios dicen que el Valle recuperará la categoría especial. Y menos, cuando se está bajo el régimen de la ley de quiebras, con el cual se deben cumplir rigurosas normas de comportamiento fiscal. Es que está en el peor de los mundos porque un secretario de Hacienda improvisado metió a la entidad en un acuerdo a cinco años que en la práctica puso al Departamento a trabajar para sus acreedores, cuando pudo negociar un plazo más razonable. Por eso, decisiones vitales para una sociedad como la construcción de una identidad a través de la cultura siguen transitado el camino menesteroso porque no quieren entender su importancia para los vallecaucanos. Y debe recurrir a los paros y las manifestaciones que con seguridad son interpretadas en la Gobernación como problemas de orden público, la forma de evadir su responsabilidad. Además, insisten en decir que como casi todo se hace en Cali a ellos no les corresponde pagar esos gastos de instituciones que llevan hasta 80 años de existencia. Lo peor es la Industria de Licores, otrora empresa líder en Colombia y orgullo del Valle. Hoy es la más rechazada por sus incumplimientos y está al borde de la cesación de pagos. Es que ya no vende ni 8 millones de botellas y no ha podido acabar con la trampa de mantener un distribuidor que opera sin control alguno y la tiene amarrada. La causa de ese desastre está en la mala gestión de un gerente que registra impasible la pérdida del mercado y la caída en las ventas, trata mal a todo el mundo, se embelesa con los carros blindados y las escoltas y se olvidó de innovar la empresa, creyendo que su obligación es satisfacer la clientela. Y el contrabando abunda al lado de la corrupción, al punto en que se habla ya de que por cada botella legal se vende otra falsificada, porque la división de rentas departamentales sólo responde a los dictados de la politiquería, incapaz de perseguir a quienes se roban de mil formas los recursos. Y qué decir de la Beneficencia, que no ha podido aprovechar el monopolio de los juegos de azar para vincular al Departamento a la corriente moderna de los juegos electrónicos y en línea para generar los recursos que se pierden en una Lotería ya marchita. Y ni qué hablar de decisiones como entregar a dedo el parque de la salud de Pance a una fundación de Roldanillo. Es la crisis, donde los Secretarios y Gerentes de Institutos descentralizados son apenas fichas para mover en el ajedrez político, que no duran y sus obligaciones son con sus jefes y no con los vallecaucanos. Mientras tanto, asesores con tenebrosas hojas de vida rondan de manera tranquila, armando líos que nadie ve en el despacho del piso 16. Perdone usted, doctor Ubeimar Delgado. Sin duda, muchos de los problemas son herencia de una triste y reciente historia. Pero la obligación de un funcionario es procurar que la entidad salga adelante y no que se hunda en la decadencia que vive el departamento del Valle.

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