La crítica y la infamia

La crítica y la infamia

Septiembre 29, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Toda actividad que implique el uso de recursos públicos debe estar expuesta siempre al escrutinio abierto de los ciudadanos. Sin embargo, la crítica y la divergencia, sanas y necesarias, pierden todo su sentido cuando se usan para destruir a las personas y sembrar sospechas sobre quienes tienen probadas ejecutorias y trayectorias al servicio de la sociedad.Es el caso de la controversia que se ha desatado por la Bienal de Danza y que algunos y algunas han usado para atacar de manera artera a doña Amparo Sinisterra de Carvajal y a la ministra Mariana Garcés Córdoba. Que se pregunte por el origen del proyecto, sobre la proveniencia y manejo de sus recursos, es más que necesario. Incluso, es importante saber si existe una divergencia de fondo con Incolballet y Gloria Castro, a quien todos le reconocemos su importancia en el impulso a la danza en Cali y en Colombia. Pero hay una enorme distancia entre plantear ese debate sano a usar el insulto, la conseja y la bellaquería para demeritar la obra enorme que doña Amparo y Mariana han realizado en procura de la cultura. Esa obra y la trayectoria de quienes a veces han hecho milagros para mantener vigentes instituciones como la Orquesta Filarmónica y los Festivales de Artes, se defienden solas. Que se hable públicamente de esas actividades es necesario para saber si estamos acertados o equivocados en la búsqueda de nuestra identidad cultural. Pero nadie, salvo quienes parecen empeñados en destruir para recuperar protagonismos o en crear escándalos para recibir el aplauso fugaz e interesado de algunos personajillos, puede acusar de negociados y actuaciones turbias a quienes han actuado con transparencia y bondad para ayudar a construir una comunidad mejor. O de discriminar a quienes, como Gloria Castro, se ha ganado a pulso un espacio merecido como referente de la cultura en Cali.No saco su trayectoria para defenderlas de la maledicencia a la que las han condenado por defender una causa sin duda benéfica para Cali. Lo que debo hacer como testigo de lo que han hecho y de la manera en que lo han hecho, es rechazar la injusticia que cometen quienes no tienen argumentos valederos para oponerse a doña Amparo y a Mariana. Son quienes ahora usan el libelo y la insinuación llena de odios recónditos y de intenciones malsanas para tratar de desvirtuar una obra que siempre ha estado a la luz pública como demostración de honestidad.Y como prueba de lo que se puede alcanzar con la bondad. Cali es una ciudad rica por su diversidad, que reclama muchas manos, muchos cerebros y muchos recursos para darle a la cultura la importancia que merece como motor de convivencia y los espacios que permitan formar a los caleños en el respeto a esa diversidad. Eso es lo que ha hecho Proartes, a pesar de la maledicencia y la envidia o del afán por encontrar la lucha de clases en sus ejecutorias. Y en medio de las tormentas frecuentes, doña Amparo ha dado muestras insólitas de grandeza para enfrentar a quienes pretenden graduarse, sin buen suceso, como sus enemigos. La Bienal de Danza era la posibilidad de unir a Cali alrededor de un propósito noble. Pero ya no lo es porque algunos la escogieron para intentar destruir la honra de quienes han tratado de hacer el bien. No lo lograrán porque tanto doña Amparo como Mariana están lejos de la basura. Pero al escoger la infamia en vez de la crítica sana le causaron un daño enorme a Cali.

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