La colonia

La colonia

Febrero 12, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

¿Cuándo podrán tener el Pacífico colombiano y su gente una oportunidad distinta a la violencia y el narcotráfico? Cuando el centralismo deje de mirarlos como una colonia. Con 350.000 habitantes, Buenaventura es la ciudad más grande del litoral. El desempleo allí es del 65% y el subempleo del 15%, es decir, apenas el 20% de su fuerza laboral está ocupada en forma plena. El 80% de la población está bajo la línea de pobreza y el 44% en la indigencia. Sólo el 3% de sus habitantes son profesionales y el analfabetismo afecta al 21% de su población. La ciudad cuenta con el 44% de cobertura en alcantarillado y 71% en agua durante 3 horas al día. La cobertura en salud alcanza el 36%, la mortalidad infantil es del 20% y los embarazos juveniles son el 25% del total. Entre el 2007 y el 2011 ingresaron a esa ciudad 75.000 personas por desplazamiento originado en la violencia y la falta de oportunidades, pero 83.000 fueron expulsadas por las mismas causas. Es decir, la ciudad que mayores ingresos por derechos de Aduana le ha producido al país es una estación de paso para quienes tratan de escapar del abandono que vive el Pacífico. En el 2007, Buenaventura fue declarada “Distrito Especial Portuario y Diverso”, pero a la fecha no se ha expedido la ley reglamentaria. Y tanto en Bogotá como en Cali se considera como un problema sin solución al cual llevan cien años haciéndole una carretera. “Cali es el puerto y Buenaventura es el muelle”, dijo alguna vez un dirigente caleño. Ese criterio extraño explica el peor de los enemigo de la competitividad en Colombia: instalar industrias a cientos de kilómetros del mar, por lo cual se pagan cuantiosos fletes, mientras la industria mundial está al lado del mar. Y luego le echamos la culpa a Buenaventura, a sus habitantes y a la carretera. Para el centralismo, el Pacífico es un problema. Pero el narcotráfico y la guerrilla aprovechan sus ventajas para exportar drogas e importar armas: extensión difícil de controlar, selva que protege y mano de obra barata. Y un Estado distante y miope que pretende solucionar el problema con soldados y aplicando programas asistencialistas. Da tristeza ver demostraciones como la del pasado 8 de febrero: 700 mujeres fueron uniformadas con camisetas del Departamento para la Prosperidad y regadas en las calles de Buenaventura para aplaudir la visita del director de ese departamento, el del Icbf y el de la Agencia para la Superación de la Pobreza, quienes traían dos créditos para vivienda y cuatro para las Mujeres Ahorradoras. Triste espectáculo de colonialismo disfrazado de trabajo social, que nada soluciona pero sí indigna. Y en tanto el Valle pierde credibilidad a causa de su política corrompida y miserable, el centralismo bogotano se niega a permitir la independencia económica necesaria para crear opciones y ofrecer oportunidades de vida decente en el Pacífico. Así lo hizo un señor Jorge Humberto Botero cuando fue Ministro de Comercio Exterior de Álvaro Uribe, al cancelar las Zonas Económicas Especiales de Exportación. Si quiere ver cómo el centralismo maneja la realidad, mire los informes sobre desempleo: el Dane mantiene a San Andrés, que tiene 85.000 habitantes, entre las 24 ciudades que mide cada mes. Pero excluye a Buenaventura que tiene 350.000. ¿Por qué? Es que en la isla el desempleo es del 7% y en la capital del Pacífico es del 65%, lo que desluce ese país de oro que nos muestran desde Bogotá. Prebendas del colonialismo.

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