La Colonia

Mayo 28, 2017 - 07:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Ni siquiera lo miran. Y sólo cuando los problemas revientan, en Bogotá se dan cuenta que el Pacífico existe y que allí viven centenares de miles de colombianos a los cuales cubre esa Constitución que negocian con todo el mundo, menos con ellos.

El Pacífico ofrece millones de oportunidades. Así lo han entendido los países que tienen sus costas en ese mar, al cual le deben su desarrollo. Menos para Colombia. Aquí se ha desperdiciado la pesca que se la roban todos los que quieran porque nuestra Armada no alcanza a cuidar el mar territorial y se persigue a los pescadores nacionales con impuestos, cobrándoles el combustible a precios inalcanzables y llenándolos de sospechas de contrabando y narcotráfico.

En todas partes se establecen industrias y negocios al lado de los puertos sobre el Pacífico, lo que reduce el costo del transporte y mejora la competitividad. Quien vaya a California, con llegar a Los Ángeles y a San Francisco se dará cuenta por qué es la quinta economía del mundo: es un país dispuesto a aprovechar las bondades de ese mar que para nosotros parece una tortura.

Para nuestro país es mejor poner la industria dos mil seiscientos metros más cerca de las estrellas que hacerlo al lado de Quibdó, de Buenaventura o de Tumaco. Por eso, a los políticos sólo les interesan los votos y ni se preocupan por ofrecer una educación de calidad que les sirva a los habitantes del Chocó, del Valle, del Cauca y de Tumaco para explotar sus posibilidades.

Y mantienen un clientelismo podrido y ladrón al cual le endilgan la responsabilidad cuando se presentan problemas. Por eso, ni pensar en promover el capital humano necesario para dirigir a sus comunidades. A cambio los dejan a merced de la ilegalidad, del narcotráfico, de la minería que destruye el medio ambiente y hace pedazos la cultura ancestral de ese Pacífico nuestro.

Ni que decir de fomentar la industrialización y de ofrecer energía, agua y servicios decentes. Eso es un lujo que no parecen merecer quienes se han arriesgado a vivir al lado del mar de Balboa. Quien se atreva a establecer empresa agrícola o pesquera se quiebra en Tumaco y es objeto de extorsiones, mientras las mafias, las Farc y el ELN, hacen su agosto.

Buenaventura es una ciudad de 500.000 habitantes, pero algún cacao del Valle dijo alguna vez “Buenaventura es el puerto y Cali es la ciudad”. Por eso, los medios ya no hablan de Buenaventura sino del puerto, como si la prosperidad de los muelles fuera equivalente a la pobreza de la ciudad.

Ahora, Bogotá vende el posconflicto como la nueva panacea mientras está encartado con los paros de Buenaventura y el Chocó. En el Pacífico tiene lugar una guerra despiadada por la tierra para sembrar coca o para destruirla con la explotación miserable del oro, que acaba con ríos y poblaciones y selva. Es la guerra por la riqueza que se les niega a los chocoanos, a los caucanos, a los nariñenses y a Buenaventura.

Esa es la realidad del Pacífico. Pero también es la causa de los problemas que padece Cali. Miles de personas llegan aquí desplazadas, huyendo a la miseria, escapando de la violencia y en busca de oportunidades que la ciudad ya no puede brindarle.

Aquí los acogemos y en Bogotá nos acusan de incapaces para resolver nuestros problemas. Es que para el centralismo somos los causantes del desastre que nace de considerar al Pacífico como una colonia a la cual se le explotan cinco billones por años en impuestos y se le devuelven promesas incumplidas y unas cuantas visitas.

Sigue en Twitter @LuguireG

VER COMENTARIOS
Columnistas