La carretera del olvido

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Dos caras de una misma moneda: San Andrés visto desde las cumbres,...

La carretera del olvido

Enero 12, 2014 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Dos caras de una misma moneda: San Andrés visto desde las cumbres, Colombia vista desde el Caribe. Es la historia eterna de un centralismo que durante 200 años nos ha hecho perder pedazos de nuestra geografía. Cuando se produjo el fallo de la Corte Internacional de la Haya donde convirtieron al archipiélago de San Andrés en retazos aislados de soberanía, el Gobierno, que no fue el culpable de la decisión, se volcó en anuncios patrioteros sobre la isla. Para detener la protesta de los isleños inventó un subsidio por $1.800.000 para cada pescador, durante seis meses. Resultado: el número de pescadores aumentó en forma exponencial mientras se redujo el volumen de la pesca. Y se anunciaron obras por doquier. Como la reconstrucción de la carretera circunvalar, con recursos de las regalías, la “mermelada” del ministro Juan Carlos Echeverry. La obra la contrataron en Bogotá con una firma bogotana. El interventor: otra firma bogotana. Para nada contaron con el gobierno de la isla. Si lo hubieran hecho, habrían conocido las razones técnicas por las cuales Coralina no autorizó que se usara asfalto frío, lo cual obligó a usar pavimento. Para no alargar el cuento, la obra de 28 kilómetros quedó reducida a 7, los huecos y los trabajos inconclusos se ven por doquier, y nadie da razón de lo que pasó, salvo porque el presidente Santos anunció la inversión de US$70 millones en el archipiélago, cifra modesta ante las necesidades, parte de los cuales se destinará a la carretera. Ni el Alto Comisionado para las Islas, el doctor Juan Mesa que no se sabe si renunció para irse a la campaña reeleccionista, se ha tomado el trabajo de explicarle a San Andrés qué pasó con su vía que hoy está peor que antes. Es la carretera del olvido.La otra cara: a raíz de una nota de María Isabel Rueda en El Tiempo, se desató una polémica por la renuncia de Colombia a presentar un recurso de revisión a la sentencia de la Corte Internacional. De pronto apareció en los medios el abogado Carlos Gustavo Arrieta, contratado por el Gobierno para manejar los líos con Nicaragua. Y no se refirió a las islas. Con un lenguaje muy cachaco, él, y no la Ministra de Relaciones o el Presidente de la República, explicó la razón de esa renuncia. Durante la última semana, el contratista y no la ministra Holguín o alguien del gobierno, han presentado los argumentos de la decisión, que incluyen conceptos de “prestigiosísimos tratadistas internacionales”. Nadie sabe a ciencia cierta si pediremos aclaración o reclamaremos decisión. Lo importante, según el contratista, es que por ahora no haremos nada. ¿Y los sanandresanos? Que yo sepa, y llevo una semana aquí, a nadie le han dicho nada. Nadie los ha tenido en cuenta como no lo hicieron durante los años que duró el litigio en el cual perdieron la posibilidad de pescar como lo hacían por siglos en 75.000 kilómetros cuadrados. Nada de decirles a ellos, los primeros damnificados por el despojo, qué seguía y cómo los van a proteger desde 2.600 metros más cerca de las estrellas. Esa es la diferencia entre San Andrés y Bogotá. O mejor, entre Bogotá y las fronteras de Colombia. Por eso son las zonas de mayor abandono, con más miseria y con más presencia de grupos de violencia que sí saben para qué sirven esas fronteras. Por eso, en San Andrés crece un rencor sordo contra el interior, así los que manejan la comunicación y el gobierno en Bogotá se empeñen en decir que en las islas no pasa nada.

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