La ayuda internacional

Junio 21, 2015 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Si alguien se mete con Nicolás Maduro, él grita. Si la crítica sale a las calles del Ecuador a protestar contra el totalitarismo de Rafael Correa, él condena cualquier movimiento, así sea de ecuatorianos y así él no deba inmiscuirse en los asuntos internos de los países miembros de Unasur. Pero cómo no decir algo cuando protestan contra sus electores. Cómo quedarse callado cuando esos personajes que defiende lo sacaron del ostracismo al que lo condenaron sus amigos del Cartel de Cali. Cómo no usar sus labia bogotana, cuando, por primera vez en décadas, le dan tribuna pública, excepción hecha del frustrado nombramiento como embajador en Francia.Y cómo no usar esa tribuna para, por ejemplo, ponerse a la par de Piedad Córdoba, de Gustavo Petro y del Senador de la torva mirada, para reclamar a voz en cuello el cese el fuego bilateral. Cómo no hacerlo, si las Farc son patrocinadas por Maduro. Cómo ignorar que Juan Manuel Santos, otro de sus electores, está envainado en la negociación y ya parece tener el sol a sus espaldas.Cómo quedarse callado ante semejantes tentaciones como las que le ofrece un país al cual le hizo el gran daño de permitir que su campaña fuera financiada por don Gilberto, don Miguel y demás muchachos que repartieron plata empacada en coquetos empaques con lazos color fucsia. Cómo no vengarse de sus críticos, que son casi tantos colombianos como los que tienen las Farc. Y cómo dejar que un delegado de la ONU, el señor Hostchild, le robe el protagonismo. Sí, ese señor que mandaron aquí a ayudar al Estado miembro de la Organización Multilateral, está dedicado a exigir a una voz con el compañero Timoshenko el cese bilateral de fuegos. ¿Por qué no se callará?, ¿quién le dio permiso de intervenir a sus anchas en Colombia?No, para Ernesto Samper, tales silencios son inconcebibles así sean obligatorios de su cargo como secretario de una organismo internacional, por lo cual no debe inmiscuirse en los asuntos internos de los países socios. Para él, a quien los gringos le quitaron la visa pero mantuvieron en el poder a cambio de la debilidad más grande que haya padecido el Estado colombiano, eso sería renunciar al papayazo de su vida.¿Cómo perder su calidad de mandadero del nuevo imperialismo, el del socialismo Siglo XXI que lo rescató de las penumbras? Para él, quien se ha destacado por defender los esfuerzos del chavismo por silenciar la prensa libre en Venezuela y perseguir con sevicia a sus opositores, eso es imposible. Y cómo no rechazar las críticas a Correa, su casero y protector, así sea uno de los ejemplos del totalitarismo populista que ve en el periodismo libre a su peor enemigo.Claro está, lo de menos es abogar por la claudicación frente a las Farc. Para Samper ese sería el final deseado de quienes lo calificaron de presidente indigno. Él ya probó esas claudicaciones cuando, con una Fuerza Pública desmoralizada y unas instituciones rotas por el narcotráfico, debió recibir trescientos soldados y policías que habían sido apresados por la guerrilla.Y no importa que con su reclamo por la tregua bilateral le esté dando un portazo al presidente Santos que lo propuso para el pomposo e inútil cargo que hoy desempeña, sacándolo de las deshonras del desprestigio y del proceso 8.000. Especialista en cinismos, para Ernesto Samper la traición es su moneda corriente.

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