La antipolítica

Junio 08, 2014 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Antes de que se termine el proceso electoral, ya sabemos quién perdió. Y no será precisamente uno de los dos candidatos que terminará siendo presidente de la República el próximo domingo.Da tristeza decirlo, pero creo que perdimos todos los que creemos que las instituciones deben estar por encima de las personas. Y que las campañas deben rechazar el uso de herramientas sucias que tratan de dar razones para no votar por alguien en vez de tratar de seducir al elector para que vote por algo útil para la sociedad. Quien no crea eso, le será suficiente con mirar los resultados de la primera vuelta. Si suma la abstención del 63% más los cinco millones que no votaron por los dos primeros, se dará cuenta que éstos sólo representan el 26 % del total de votantes.Es decir, la campaña negra les hizo un gran daño. Y además, creció el hastío de los electores por algo que tiene cualquier característica menos la de un debate democrático y equilibrado porque, entre otras cosas, los grande medios de comunicación bogotanos se empeñaron en tomar partido, envenenar el ambiente y hacerle el juego a esa campaña de mentiras y descalificaciones.Se dirá que las próxima ronda cambiará las cosas, porque aumentará la votación por cada uno de los dos candidatos. Puede ser. Pero la abstención demostrará de nuevo el rechazo a una forma de hacer política que no aporta en la consolidación de las instituciones. Y que, so pretexto de denunciar delitos y malos procederes, terminó personalizando, descalificando a unos y otros no obstante que todos tienen el mismo origen: el mismo gobierno, el mismo presidente o expresidente, y el mismo mandato del pueblo colombiano en el 2002.Así terminaron apelando al odio irracional para dividirnos. Entonces o se es antisantista o se es antiuribista. Y como en las peores épocas, el señalamiento y la discusión acalorada reemplazaron la reflexión necesaria sobre las propuestas y los contenidos.Y en esa lucha casi irracional por el poder, se está perdiendo lo más importante: la unión entre los colombianos a partir de fomentar valores comunes. Con lo cual se sigue apelando a los criminales, que se legitiman e intervienen en la política, mientras los políticos se despedazan. ¿Acaso no han escuchado a ‘Iván Márquez’ y a ‘Timochenko’, repartiendo proclamas de paz y bendiciones a pesar de ser causantes directos de la violencia en Colombia? ¿Y no han visto a los paramilitares y narcotraficantes extraditados seleccionar a quién señalan y acusan de ser sus socios, mientras los medios reproducen sus actuaciones sin preocuparse por averiguar si esas acusaciones son serias y verdaderas?Todo eso es consecuencia de una especie de insensatez que al parecer se apoderó de la política colombiana. Y la traición se volvió palabra de uso frecuente. Es que se cambiaron las ideas y los partidos respetables por las alianzas irracionales y el caudillismo que sólo piensan en tomarse el poder para después repartirlo, pensando que con ello se asegura la gobernabilidad.Entonces, estamos divididos de manera irremediable. O están divididos los dirigentes y algunos de sus seguidores, incluidos los medios de comunicación bogotanos que se sumaron a la campaña del desprestigio y el señalamiento. Porque el resto de colombianos, como le ocurrió a Cali en los últimos 20 años, aprendieron a vivir sin que importen los gobiernos y las instituciones. Es la consecuencia de la antipolítica de la maledicencia que reemplazó la política de principios y valores éticos.

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