Justicia o cinismo

Marzo 15, 2015 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

No creo que Colombia haya vivido una crisis institucional de las proporciones que tiene el escándalo de la Corte Constitucional. Pero tampoco me imagino que su solución se encuentre en las reformas que se proponen, como si la culpa fuera de la Constitución.El problema de ahora es que se descubrió toda una conspiración para influir en la decisión que debería tomar el magistrado Mauricio González sobre una tutela. El antecedente está en la laxitud que lleva a crear leyes para no cumplirlas y a jurar en vano el cumplimiento de los deberes que corresponden a un juez de la República.Nada funcionará para acabar con la manguala de justicia y política que reparte prebendas, si no se toca la posibilidad de investigar y juzgar a quienes, como Jorge Pretelt y tantos otros, son sindicados de abusar de sus dignidades. Siempre se ha mantenido incólume la Comisión de Acusaciones de la Cámara, destinada por siglos a mantener la impunidad de los ilustres togados. Pero nada logra que los llamados aforados rindan cuentas. Por eso, Pretelt se da el lujo de pedir una licencia, como si todo se resolviera en dos meses. Como si la Comisión de Acusaciones, manejada por personajes que no son abogados, pudiera encontrar la verdad en ocho semanas.Pues no lo ha hecho en siglo y medio y no lo hará ahora porque esa Comisión está hecha para que los casos que lleguen a ella se hundan en la impunidad. Por eso aparecen personajes tan cínicos como el abogado de Pretelt quien dice que la ética no tiene nada que ver con el derecho. En este caso parece tener razón porque la ética, ese valor que lleva a actuar en beneficio de la sociedad y a distinguir lo bueno de lo inmoral, no cabe en una Comisión creada para garantizar la impunidad.Por eso, nuestra Justicia está manchada por la indecencia. Es una Justicia a la cual no se le cree porque no da la respuesta que de ella se esperan. Una Justicia que se negocia en los pasillos, como lo demuestra el escándalo que envuelve a la Corte Constitucional, donde sus magistrados se han trenzado en una batalla que a diario deja sospechas. Una Justicia donde caben personajes como los que han pasado por el Consejo de la Judicatura, por la Corte Suprema y el Consejo de Estado.Hay otra institución aún más perversa: la puerta giratoria que permite a defensores convertirse en fiscales o magistrados, y después volver a ser defensores. Así, al Fiscal General de ahora le basta declararse impedido en casos como el de Saludcoop o el de Fidupetróleo, con los cuales tuvo negocios de asesoría o defensa. Y nada más. Será su subalterno el que maneje los procesos que la Fiscalía lleva contra esas entidades, con lo cual el tipo se lava las manos.Se dirá que la solución está en que Pretelt renuncie y en la reforma al equilibrio de poderes donde se incluye un tribunal que juzgue a los aforados. No estoy de acuerdo. La salida está en que Pretelt y todos los aforados respondan por sus hechos. Nada de reformas y sí de comprometerse a defender la ética, la base del derecho. Nada de cambiar leyes sino de cumplir las que existen.Justicia con ética o cinismo como el de Abelardo De la Espriella, es el dilema. Que se escuche a esa inmensa mayoría de fiscales, jueces y magistrados que sí están comprometidos con su misión de impartir recta y cumplida justicia. Esa es la manera de superar la crisis. De lo contrario, el derrumbe será inevitable.

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