Intolerancia

Intolerancia

Febrero 10, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizábal

Cuidado: la labor de un gobierno y de un gobernante no puede ser criticada sin temor a una retaliación que buscan imponer quienes ejercen el poder, usando la justicia. Eso es lo que está sucediendo en el Valle a raíz de las críticas de Julio César Londoño al gobernador Ubéimar Delgado.Como pasa en cualquier democracia, Londoño manifestó en una columna sus discrepancias con la manera en que se está ejerciendo el gobierno en el departamento. Acertadas o inconducentes, las opiniones son ante todo la expresión del concepto personal, inviolable y sagrado, sobre los hechos. Y perseguirlas, por las vías que sea, es el peor ejercicio del totalitarismo que destruye cualquier democracia. Eso está ocurriendo ahora con una tutela que don Ubéimar Delgado, en su calidad de gobernador, le ha puesto a Londoño. Con ella pretende obligar al escritor a una rectificación pública y callarlo para siempre en su derecho a criticar lo que a su juicio sean errores de la Administración Departamental. Es decir, impedirle que califique la gestión del gobernador Delgado, desconociendo así la esencia del derecho a opinar.Es la repetición de hechos ocurridos en el 2009, cuando Diego Martínez criticó al entonces gobernador Angelino Garzón por sus actuaciones como mandatario de los vallecaucanos. Entonces y tras un recorrido por juzgados y tribunales de Cali, la Corte Constitucional tumbó la tutela del hoy vicepresidente de la República. Dijo la Corte: “Las personas que manejan o están relacionadas con los destinos colectivos cargan con la exigencia reforzada de soportar cuestionamientos que periodistas y ciudadanos pueden dirigir contra su desempeño sin ampararse en su derecho al buen nombre; de lo contrario, se dificultaría gravemente la fiscalización de la gestión de los administradores públicos o se entrabaría el ejercicio de la discrepancia política en nuestra sociedad”.En la sentencia, la Corte Constitucional también expresó: “El hecho de que alguien se escandalice con un determinado mensaje no es razón para limitarlo, mucho menos si el que se escandaliza es un funcionario público. (…) La sociedad debe asumir como parte del pluralismo que se reivindica, incluso las opiniones y expresiones subjetivas que causen molestia o afecten el amor propio de las personas. Desde esta perspectiva, es imposible exigir la veracidad e imparcialidad de una columna de opinión”. Londoño hizo uso de su derecho a opinar sobre lo que hace el Gobernador, incluidos sus nombramientos clientelistas. En un acto que contradice en forma abierta todas sus declaraciones de demócrata, éste imita a Angelino y acude a la tutela para tratar de silenciar al columnista y obligarlo a rectificar la columna en la cual disiente de sus decisiones. Y con el mismo recurso trata de ejercer como director del periódico al exigir en su demanda que la posible rectificación sea publicada “ en la edición del domingo”, a pesar de que la columna de su demandado se publica los jueves.Si esa tutela progresa el Valle caerá en la intolerancia de los gobernantes porque nadie podrá discrepar de sus actuaciones. En ese caso habremos liquidado el derecho a no estar de acuerdo con el poder y desaparecerá la posibilidad de denunciar los abusos y las equivocaciones de quienes lo detentan. Es decir, negaremos la esencia de la democracia. Para eso no fue elegido Ubéimar Delgado.

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