¿Intocables?

Octubre 10, 2010 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Buscar la paz por la vía de la negociación fue y sigue siendo necesario en Colombia. Por eso sería estúpido perseguir a todos quienes han servido de intermediarios y prestaron su colaboración para tratar de detener por la vía pacífica el infame derramamiento de sangre que vivimos en las últimas décadas.Infortunadamente, ese tipo de personajes nacieron en la necesidad de buscar salidas a la violencia. Tan grande era la tragedia que debimos inventar los ‘pazólogos’, los ‘violentólogos’ y los especialistas en relaciones con los “actores pertenecientes a grupos armados al margen de la ley”(!), basados en el Derecho Internacional Humanitario y en los Derechos Humanos. Muchos de ellos fueron personajes patrocinados por ONG extranjeras, y por gremios, entidades o congregaciones nacionales que vieron en el diálogo la salida a una conflagración que crecía y el país parecía incapaz de contener.Era el producto de la incapacidad y la ineptitud del Estado, que ya le había entregado por lo menos 300 municipios a los criminales, llámense paramilitares, guerrilleros o narcotraficantes. En ese escenario crecieron figuras como Piedad Córdoba o Gloria Cuartas. Envueltas en la bandera del DH y el DIH, se erigieron en líderes del diálogo con quienes, como las Farc, nunca aceptaron el DH y el DIH. Fue algo parecido a una claudicación frente a quienes tenían entonces al país estrangulado.Y esa personería se extendió no obstante que la Seguridad Democrática hizo resurgir la voluntad nacional para combatir la violencia. A pesar de que se cambiaron los términos de la confrontación que vivía el país, tanto doña Piedad como doña Gloria siguieron proclamándose como voceros de la negociación para ceder ante el chantaje de los secuestrados, o para acusar a todo el mundo de relaciones con el paramilitarismo. Esa relación, ilegal y peligrosa, existió en muchos casos como lo demuestran las condenas de la Justicia basadas en declaraciones de presos, desmovilizados, arrepentidos o negociantes de testimonios. Y sentencias del mismo Procurador que descalifican por radical y tratan de inhabilitar. Sin llegar todavía a la verdad completa que debe llegarse, también se han cometido equivocaciones que han llevado a personas como el senador Carlos García a estar dos años en la cárcel por acusaciones que resultaron falsas.Ahora, cuando se destapa la relación de la política con la guerrilla, la situación toma otro cariz. Ya no es un asunto de esperar el fallo de la Justicia ni de respetar los procesos. Ahora se debe tachar al juez, al investigador y a los documentos incriminatorios, así como a los testimonios de los implicados, en este caso guerrilleros desmovilizados o presos. Ahora se debe decir que Karina, la tenebrosa jefe del frente 47 de las Farc en Caldas y Antioquia que debía saber lo que pasaba en Apartadó, miente contra doña Gloria. O condenar a la hoguera al Procurador porque en un prolífico y sustentado fallo sancionó disciplinariamente a doña Piedad.Son los intocables para los cuales la ley no debe aplicarse. Los que por haberse quedado con el rótulo de negociadores y pacifistas tienen inmunidad ante la Justicia o el Procurador. Y más grave aún: no tienen obligación de responderles a los colombianos por conductas que siempre han despertado inquietudes y sospechas. Vaya, vaya.

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