Improvisación que mata

Improvisación que mata

Abril 23, 2017 - 07:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Se sabe que el Gobierno sigue empeñado en sacar adelante los acuerdos con las Farc. Lo que no se sospechaba es el alto nivel de improvisación con la que ha actuado, poniendo en peligro la realización de esos acuerdos.

Cuando los integrantes de la Unidad Nacional aprobaron el Acto Legislativo mediante el cual alteraron los procesos legislativos, crearon atajos como el fast track y le otorgaron al Presidente la facultad de legislar, los promotores del adefesio dijeron que todo estaba fríamente calculado y que sólo por razones especiales pedirían una prórroga de esas excepciones a la democracia.

Hoy, salvo la ley de amnistía y la JEP, ninguna de las iniciativas que pretendían aprobar está lista. A la carrera y sin mayor debate, con improvisaciones y errores que personajes como el Fiscal General han tratado de enmendar, ellas están a la espera de la revisión de la Corte Constitucional.

Pero, las zonas veredales no han sido terminadas, no se sabe aún cuántos guerrilleros conforman las Farc ni quiénes son para poder aplicarles las amnistías y los beneficios consagrados en las negociaciones de La Habana. Es un secreto que le da a la guerrilla la potestad de decir quién pertenece a su organización y qué papel han jugado en la violencia que ahora será objeto del tratamiento especial de la justicia transicional.

Peor aún, no se sabe cuántas armas tienen, cuáles son sus características y dónde están. Por eso, en las zonas veredales los contenedores solo tienen uno que otro revólver o cualquier fusil. Y las Farc ponen el grito en el cielo cuando el Ejército descubre una caleta en el Putumayo con armamento en tal peligrosidad que pone a pensar sobre la seriedad del proceso.

Entre tanto, sus jefes citan a los alcaldes dizque para acordar con ellos las condiciones en las cuales se vincularán al acuerdo de La Habana. Ignoran al Gobierno y, aún armados, hacen proselitismo, obligando al Comisionado de Paz a acusarlos de incumplir lo pactado.

Ya se sabe que las reformas que prometieron en la negociación están atrasadas y ni siquiera se conoce su contenido. Y pasan cosas como pretender cambiar el sistema electoral sin consultar a los parlamentarios. Por eso, y como quien no quiere la cosa, el Ministro del Interior desliza la perla: ante semejante problema sólo queda prorrogar por otros seis meses la vigencia del fast track y las atribuciones legislativas del Presidente.

A causa del desorden, las Farc critican al Gobierno por incumplido, convertidas en víctimas del desgreño. Y a sus jefes les dan alas para que pasen por encima de sus compromisos, salgan de las zonas de concentración y amenacen a cuanto alcalde se les ocurra, mientras sus jefes viajan en primera clase o en cómodos aviones privados.

Pero el Gobierno sigue igual. Salvo el nuevo Vicepresidente, a quien están quemando poniéndolo a hablar a diario de cuanta cosa sucede, muchos de sus ministros continúan en sus cargos haciendo política sin que los llamen a cuentas. Ahora son ellos quienes deciden cuándo se van y cómo resuelven sus peleas dentro de sus partidos.

El país anda en una de las peores etapas de improvisación de su historia. Por eso, el premio Nobel quedó atrás y crecen la impaciencia y la confusión. Es que la paz sigue siendo usada para dividir y no para unir; para conseguir votos y no para construir el consenso que se requiere para tener una paz verdadera.

Sigue en Twitter @LuguireG

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