Imperios y traidores

Diciembre 07, 2014 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Ahora ya no es suficiente hablar de esguinces a la ley para tratar de pasar por alto las penas que merecen quienes han cometido y siguen cometiendo crímenes de guerra, delitos de lesa humanidad y violaciones a los Derechos Humanos de sus víctimas.En adelante nos proponen que pensemos en aceptar que el narcotráfico, motor de la violencia de los últimos treinta años y la causa de enriquecimiento de las Farc, sea considerado delito conexo de los políticos. Es decir, que ya no es un delito común si es cometido por un grupo que se quedó con gran parte del negocio de los grandes carteles cuando éstos debieron buscar socios que les protegieran sus cocinas en la selva. Allí está la razón por la cual la guerrilla es considerada hoy el cartel de dogas ilícitas más importante del mundo. Lo cual lleva a concluir que es más exacto reconocer como principal el delito de narcotráfico como conexo la rebelión, el delito político.Es por ello que, según la revista Forbes, las Farc son la tercera organización terrorista más rica del planeta, con un patrimonio que asciende a los 600 millones de dólares. Cifra nada despreciable en la cual están incluidos los recursos generados por el secuestro de miles de ciudadanos, muchos de los cuales pagaron varias veces el rescate y aún no aparecen. Allí no hay un sólo dólar de procedencia lícita. Y es posible que no estén incluidas las grandes extensiones de tierra que poseen y que según informes suma 900.000 hectáreas en el Meta, Huila y Caquetá.Todo un imperio de inmoralidad y corrupción que, según parece, quedará libre de cualquier persecución. Como pueden quedar libres de sospechas las millones de hectáreas sembradas de cultivos ilícitos que explotan las Farc. Pregunten en el Catatumbo, en el Putumayo, en Nariño, en Chocó, en el Valle, en el Caquetá, en el Amazonas, quiénes son los capos de esos cultivos de coca, a quién hay que pagarle y a quién se le entrega la materia prima. Indaguen de quién son los cristalizaderos de donde sale la cocaína. O quién maneja las miles de hectáreas de marihuana en las montañas del Cauca y el Valle, con las cuales se corrompe a la comunidad. Cuando eso se reconozca sabremos de qué tamaño es el imperio de drogas que nos sugieren tratar como delito conexo. Es decir, como algo accesorio al principal, dizque la subversión contra el Estado legítimo que acatamos la inmensa mayoría de los colombianos. Así aterrizaremos en la realidad. Nos dirán que las Farc abandonarán ese imperio. Y que se dedicarán al bien después de firmar el acuerdo. ¿Será cierto que dejarán esa riqueza incalculable? ¿Acaso devolverán su inmenso patrimonio para enjugar el daño que causaron a millones de personas? ***Reconozco la labor invaluable del doctor Humberto de la Calle y de sus compañeros en la negociación que se lleva a cabo en Cuba. Pero creo que no es el doctor De La Calle el que tiene que responder, sino el Gobierno. Que nada gana con insinuar traiciones dentro de las Fuerzas Armadas y amenazar en público con despidos y retaliaciones indiscriminadas a los miles de soldados y policías que combaten lo que es un verdadero imperio del mal. Eso crea confusión y profundiza las divisiones, cuando lo que debemos preservar es el propósito común de combatir la criminalidad de todos los orígenes. Mucho daño causará entonces que empecemos a buscar traidores entre los que llamamos nuestros héroes.

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