“Histórico para la historia”

Septiembre 27, 2015 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Con gran pompa, las Farc y el Gobierno celebraron en La Habana el acuerdo sobre la justicia que se aplicará a los guerrilleros, soldados, policías, narcos, paras y demás. Fue el resultado de un año de forcejeos que detuvieron el anuncio, uno de los más esperados por quienes han basado las elecciones y reelecciones en la paz.Sin duda, ese es un gran logro para el presidente Juan Manuel Santos, quien posó “con su tradicional elegancia”, según dijo una reportera. Y para las Farc. Por eso se destacó el aspecto reluciente de don Timoshenko, sonriente, recién motilado, de guayabera blanca de lino. Es muy distinto al vociferante personaje vestido de verde olivo que amenazaba desde algún lugar de las montañas de Venezuela. ¿Cómo le diremos ahora, si ya no lleva la toalla negra sobre el hombro?Para los medios cercanos al régimen, don Timo ya no será el cabecilla. Ahora es el comandante. Y sus subordinados, autores de miles de crímenes de lesa humanidad de toda especie, no serán capos del narcotráfico, como los reconoce el mundo entero. Ahora serán subcomandantes de logística y administración, generadores de recursos para mantener en alto la bandera de la política. Por lo tanto, no serán acusados por llenar de cultivos de coca al país.Llegamos entonces a una de las cumbres del proceso, definir la justicia transicional que aceptarán las Farc, incluida la posibilidad de acusar y juzgar a expresidentes de la República, como amenaza el Comandante en su página de Anncol. A alguien se le olvidó que el punto que debían acordar es el de las víctimas, según el numeral 5 del Acuerdo de agosto de 2012. Eso no es necesario ante logro tan importante como es la justicia transicional para quienes, de manera individual y voluntaria, reconozcan algún delito ante un tribunal creado para el efecto.También se olvidó algo que debería ser el inicio de todo: que las Farc como organización reconozca ante la Nación su responsabilidad por sus crímenes. Y que le pidan perdón a los millones de colombianos que han padecido su violencia, a las víctimas, a sus familias, a la comunidad internacional. Y que se comprometan a resarcir los daños con la riqueza que han acumulado por años de extorsión, secuestro, narcotráfico, minería ilegal.Me imagino que ese será el tema de los próximos seis meses, además de acordar cómo y a quién entregan sus armas. No sé si ya está definida la destrucción de los sembrados de coca y de los laboratorios de propiedad de las Farc. O cuándo se producirá la delación sobre los contactos a los cuales les venden la cocaína, como debe hacerlo quien pida rebajas de penas.Pero me temo que después de la sentencia de la Corte Constitucional reconociendo el narcotráfico como delito conexo, eso no será necesario. De ese mismo tenor es la declaración del Fiscal Montealegre, quien paró sin mandato legal los procesos contra las Farc. Es decir, la justicia colombiana ya no existirá para las Farc, porque habrá un tribunal especial. Claro, no nos han contado quién o cómo se definirán sus atribuciones y sus integrantes.Nada de eso debe importar. A partir de este momento, “histórico para la historia de Colombia” según exclamó una presentadora de Caracol, estamos en manos del plebiscito de Roy Barreras. Y tenemos que dejar de criticar para pasar a defender el acuerdo, según el ministro Cristo, así el país haya quedado profundamente dividido. “Consumatum est”, diría su Santidad Francisco.

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