Hagan sus apuestas

Mayo 19, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Aunque fue inesperado por lo temprano, el anuncio del presidente Juan Manuel Santos sobre la reelección no fue una sorpresa. Sólo que ahora se torna en una realidad que apresura decisiones en los sectores dirigidos por el expresidente Álvaro Uribe, mientras el país tendrá que soportar una larga campaña entre el poder y la oposición.La declaración del pasado viernes fue sólo la formalización de un hecho que se daba por descontado, y se agudizó hace un año cuando los colombianos nos debimos acostumbrar a verlo en un jeep llegando a una reunión con cafeteros. Allí empezó el desfile de chalecos: verdes para hablarle a la Policía, rojos para respaldar al Ministro de Trabajo, azul para hablar de la pobreza. Y de toda clase para presidir entregas de auxilios, casas, becas, obras y cuanta cosa podría servir para resaltar su obra de gobierno. Chalecos que usó incluso para ir a San Andrés a llorar el fallo de la Corte de La Haya. Fue su manera de reaccionar contra las caídas en las encuestas causadas por las dudas que despertó el extraño proceso de paz con la guerrilla, donde esta hace lo que quiere y maneja los tiempos, a pesar de los anuncios del Gobierno. Y que ahora se concreta en el lanzamiento de su candidatura, ante el hecho de que el 68% de la última encuesta expresó su rechazo a la reelección.Es claro entonces que el Presidente actuó antes que sus contendientes y marcó límites a los beneficiados de la Unidad Nacional. Descontado el liberalismo arrodillado de los últimos años, Santos echó sus cartas para saber quiénes del Partido de la U se quedan con él y qué va a pasar con lo que queda del Partido Conservador. En este último caso, el mensaje responde a la inclusión de cuatro uribistas duros y pastranistas en su Dirección, quienes no demoraron en reclamar candidato propio, lo que puede significar un nuevo sisma en el partido fundado hace 162 años.Claro, las Farc reciben un mensaje rotundo. A partir de ahora ya no hay que correr con el proceso de paz. Es decir, ganaron la mano por el momento. Pero tienen que moverse porque si no permiten avances lograrán que el presidente se endurezca, lo que será del gusto de la galería y le devolverá parte del uribismo perdido, haciendo un clamoroso aporte a la reelección. Además, al sumar al general Óscar Naranjo en su Fundación Buen Gobierno, Santos jugó una de sus mejores cartas. Ahora, el General ya no va a hablar de paz sino a hacer campaña reeleccionista.Y mientras la izquierda sigue desdibujándose presa de sus anacrónicas disputas y legendarios odios, el turno es para Uribe. Si bien no tiene a su lado a un general como Naranjo o un clientelista como Vargas Lleras, está él. Pero sucede que él no puede ser candidato y no parece tener uno de peso para enfrentar al poder. La diferencia es que aún no tiene que quemar las naves como Santos, y puede esperar que el Gobierno se equivoque y cree el enemigo ideal para enfrentarlo. Lo que no es difícil, a juzgar por el rechazo a la reelección que muestran las encuestas. La mesa está servida y ya un jugador hizo su apuesta pensando quizás que el que pega primero pega dos veces. Lo que sigue es esperar quién revira a lo que algunos califican como un gran golpe de mano y otros como producto del desespero. Quedan 12 meses para terminar el juego que empezó hace tres años.

VER COMENTARIOS
Columnistas