Hacia la división

Hacia la división

Marzo 10, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Terminó el paro cafetero y algunos congresistas privilegiados fueron a Cuba a hablar con las Farc. Dos hechos que no se deben dejar pasar, así el show esté en Caracas.El paro tuvo un final dulce para sus promotores y amargo para el país. Las vías de hecho triunfaron en su presión a un gobierno hundido en la improvisación y el desespero, y sus organizadores se erigieron en los nuevos líderes del café. Ministros que desconocen la realidad nacional se enfrentaron a quienes con la amenaza de la violencia, obligaron al presidente Santos a echar mano de Angelino Garzón, su vicepresidente antes repudiado. Perdió el país, porque además de demostrar que las movilizaciones para chantajear a las autoridades son exitosas cuando esas autoridades se confunden, sirvieron para juntar a la guerrilla, a los indígenas y a los cafeteros descontentos. Eso fue lo que pasó en el Cauca, donde Popayán y un vasto sector del sur colombiano fueron rehenes de un golpe de mano, mientras en Bogotá daban tumbos, alimentando la protesta con decisiones tan inoportunas e inconvenientes como el alza de los combustibles que desató el paro de los camioneros, por fortuna superado. Y perdió el café. De nuevo quedó demostrado que la politización de la Federación Nacional de Cafeteros la convirtió en convidado de piedra de una crisis que no debió producirse y a su gerente en mudo testigo del desastre. Ya no puede decirse que el gremio está unido: ahora es una colcha de retazos, contaminado por quienes buscan capturar sus votos, o usarlo para producir fenómenos como los bloqueos que padecieron el Cauca, Risaralda, el Huila y el CaquetáMientras tanto, seis congresistas encabezados por don Roy Barreras y dos miembros de la Marcha Patriótica fueron a Cuba y se sentaron con alias Iván Márquez y compañía. Como pasó en el Caguán, le rindieron cuentas sobre qué debería hacerse para legalizar lo que se está cocinando. Al adquirir compromisos como el de no expedir la ley estatutaria de la también Ley Marco para la Paz, los congresistas recordaron las épocas de la romería a la vereda Los Pozos en San Vicente. ¿Quién les confirió el poder para a hablar a nombre del Congreso? Nadie que se sepa, porque si bien el Presidente de la República es omnímodo para autorizar viaje a la Habana a conversar con las Farc, el Poder Legislativo no se pronunció sobre el asunto, llegando hasta producirse rechazos de parte de muchos de sus integrantes. Es decir, la delegación de don Roy, de la Marcha Patriótica y de los demás, fue a título personal y no puede tener efectos de carácter institucional. Pero sí produjo el peor de los impactos: el de agudizar la radicalización contra unos diálogos cada vez más influidos por ambiciones electoreras. Lo claro es que las Farc han recuperado el espacio político que les arrebataron sus crímenes y su barbarie. Y que no pierden el papayazo que brindan el afán de figuración de don Roy, el enredo del Gobierno Nacional y la calculada actuación de los miembros de la Marcha Patriótica.Es decir, Colombia camina hacia la división así traten de convencernos de que existe una Unidad Nacional. Ya probamos que las vías de hecho son aceptadas para imponer decisiones, así perjudiquen al resto de la nación. Y que, de nuevo, la paz es bandera partidista y no un propósito nacional. ¿Qué sigue?

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