Garroteras

Octubre 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Primero fue el Fiscal contra el Procurador. Ahora es la Contralora contra el Fiscal y el uso de demandas, recusaciones y acusaciones directas ante la Justicia. ¿Acaso no estamos en una de las peores crisis institucionales de nuestra historia? Los peores síntomas de la garrotera en que están inmersas entidades que deberían dar ejemplo de prudencia está en el polémico Consejo Superior de la Judicatura, donde unos magistrados atacan a otros y la disputa llega hasta las sentencias. Lo que allí se está produciendo da lástima, si no fuera porque quienes están cuestionados mantienen un poder ilimitado para incidir en la jurisprudencia, protegidos claro está por la impunidad proverbial de la Comisión de Acusaciones de la Honorable Cámara de Representantes. Luego siguió la pelea que el Fiscal General de la Nación casó con el Procurador, la cual demostró que el doctor Eduardo Montealegre tenía una necesidad enorme de ocupar un espacio en ese país mediático donde todo se puede decir. Fue un intento por crear imagen a través de la confrontación sobre temas en los cuales la Fiscalía no tiene injerencia, pero que pretendía presentar una posición ideológica distinta a las del procurador Alejandro Ordóñez. Hasta que desembocó en borrascosas insinuaciones sobre lo que ocurría “a sus espaldas”, aludiendo a su ejercicio como director del órgano de control más importante del Estado, según la Constitución. Entonces se vio claro que las cosas iban para otro lado, donde la institucionalidad era pisoteada con intenciones partidistas o de pronto personales. La prudencia de Ordóñez ha permitido que la desapacible y grotesca polémica se detuviera, aunque se sabe que sigue latente.Y sigue la última y mucho más grave confrontación porque compromete la credibilidad del Estado: Fiscalía versus Contraloría, consecuencia de la pelea Sandra Morelli versus Eduardo Montealegre. Yo te vigilo para que tú me ataques. Yo te contesto ordenando allanamientos y usando los medios para tratar de silenciarte y desprestigiarte. Y yo te recuso, además de acusarte de actuaciones poco claras para detener investigaciones del Estado contra Saludcoop, uno de los más aberrantes casos de corrupción que haya conocido Colombia. Así están las cosas, y no se arreglan con la tímida reconvención del presidente Santos hace unos días. Lo que demuestra la carta de la señora Morrelli, divulgada el pasado viernes, es mucho más que un “choque de trenes” o una rivalidad personal: es una confrontación de enormes repercusiones para la institucionalidad, porque indica que éstas pueden estar usándose para fines distintos a los establecidos en la Constitución.Y en medio de tal pelea, no existe quién ponga orden y detenga lo que tiene todos los elementos de una crisis sin precedentes en el funcionamiento del Estado. Infortunadamente, el país mediático superó al país real, y el cumplimiento de las funciones del Estado fue rebasado por la necesidad de ser protagonista en los medios de comunicación. Con lo cual deja de ser importante la sustancia del asunto, es decir, para qué fueron creadas las instituciones que nos gobiernan. Estamos pues ante una crisis que no puede resolverse en los micrófonos. Una crisis que deteriora aún más la erosionada confianza de los ciudadanos en el Estado que, se supone, fue creado para imponer el orden y defender bien común. ¿Hasta cuándo?

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