Extravagancias

Extravagancias

Julio 15, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

“Extravagante” es el calificativo que usó la revista Time para definir lo que llama la cruzada de Álvaro Uribe contra su sucesor en la Presidencia. Un punto de vista oportuno, al que pueden aumentarse los de “trágico” y perjudicial”, desde la perspectiva de nosotros los colombianos.Está claro que cada cual puede hacer de su capa un sayo, como bien lo dice el refranero. Es decir, si el expresidente Uribe, a quien los colombianos recuerdan como un buen mandatario, decide enfrentarse a Juan Manuel Santos, sus razones tendrá. Pero ello no impide que, para ilustrar su punto de vista ante el público norteamericano, Time diga que tal pelea es como si Ronald Reagan hubiera montado una campaña contra la reelección de su vicepresidente George Bush. Hasta allá llega lo que para la revista es totalmente “exótico”; o “ridículo”. Con ello, los lectores gringos deben mostrar una sonrisa al entender que Macondo no es un cuento inventado por García Márquez, sino una realidad que camina todos los días y a todas las horas por éste, el país del Sagrado Corazón. Y que se expresa, según la revista, en que el presidente que ayudó a elegir a Santos ahora “quiere tumbarlo”. Pero para nosotros, tal enfrentamiento, los niveles a los que ha llegado y los argumentos que lo rodean, nos dejan un amargo sabor. Uno no puede entender que quien fuera Ministro estrella de Uribe y quien encabezó la embestida contra las Farc, ahora sea el peor de los gobernantes, el más traicionero contra los militares y la peor de las personas. Ahora, personajes como Fernando Londoño o José Obdulio Gaviria se empecinan en anunciar la catástrofe militar y el fin del país, como si los problemas no fueran también la corrupción, el abuso del poder, el fracaso de la Justicia y el desafuero de la clase política. Es cuando empieza la duda sobre si el ataque constante tratando de convencernos que estamos ante la debacle no es una forma de desviar la atención para tapar quién sabe qué. Por supuesto que el presidente Santos ha cometido errores como nombrar un gabinete conformado exclusivamente por bogotanos y ‘bogotenses’ o los fracasos de las reformas a la Justicia y a la educación. O inventarse un marco para la paz que representó una demostración de fuerza política innecesaria que no lleva a ninguna parte. Pero de ahí a decir que la Fuerza Pública ha sido derrotada, que hay una persecución en contra de los Militares y que están huérfanas, hay mucho trecho. Eso es lo trágico. Lo dañino es que la disidencia del expresidente Uribe, buena porque rompe el unanimismo con el cual se silencia la inconformidad, significa que no somos capaces de reconocer que la derrota de las Farc apenas va en la mitad, por lo cual todos debemos aportar. Y que la violencia seguirá siendo el único argumento para hacer política en Colombia ante la corrupción y el descrédito del Estado que crece sin pausa. Por eso, los ataques de la guerrilla son magnificados mientras situaciones tan graves como las del Cauca no encuentran solución, como no la han encontrado durante sesenta años, incluyendo los ocho de la Seguridad Democrática. Por eso, nuestra situación es calificada como “outlandish”, es decir, “extravagante, extraña, ridícula”.

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