Ésta es mi Cali

Ésta es mi Cali

Abril 24, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

2026. Mucha agua ha pasado bajo los puentes de esta Sultana del Valle que ha resistido los embates del crecimiento desordenado y hoy se muestra como una de las mejores posibilidades de vivir bien en Colombia. Esa vocación la tuvo desde el principio cuando los conquistadores encabezados por don Sebastián de Benalcázar (¿o Belalcázar?), la fundaron en las riberas de un río hermoso, cristalino, fresco y rodeado de una naturaleza increíble. Allí, en las faldas de los que llamaron Farallones, levantaron las chozas y la iglesia y recostaron un pueblo plácido, rodeado por seis ríos que desembocan al entonces distante y enorme Cauca. Después, el hombre empezó a hacer lo suyo: a poblar ese paraje increíble y a usar sus recursos para construirse él un futuro en teoría mejor. A finales del Siglo XIX ya era una villa de no más de cincuenta mil habitantes, creyente en el catolicismo más clásico pero ya inoculado por la mezcla de razas y fusiones culturales que rompían la rutina con músicas bailes, jergas, mitos, y con humor. Si, con mucho humor de aquellos que demuestran felicidad y sirven para derrotar las dificultades más imposibles de superar.Y la riqueza le llegó cuando el Valle se convirtió en el motor del desarrollo agrícola en Colombia. Cuando la caña de azúcar transformó los bolsillos y las formas de vivir, cuando las migraciones de antioqueños, boyacenses, caucanos y nariñenses trajeron sangre nueva, capitales nuevos, costumbres y cocinas diversas. Cuando esa migración encontró en Cali, el paraíso escondido.Fue entonces cuando la hoy metrópoli pasó de ser “El garaje con obispo” de Porfirio Barba Jacob, a “El sueño atravesado por un río” del gran Eduardo Carranza. Luego llegaron las épocas de las invasiones y el desorden, del clientelismo desenfrenado del final del Siglo XX. Del deterioro de esos siete ríos y de las amenaza del río Cauca por un jarillón que era destruido sin conciencia. Del cambio en el transporte y la circulación hacia una propuesta que permitiera recuperar esa calidad de vida que la hizo famosa como la Sucursal del Cielo o la Capital de la Alegría. Allí empezó el cambio, acompañado de las tonadas alegres y certeras de la Salsa que la inmigración convirtió en símbolo de su identidad.Hoy, abril de 2026, esa villa del Siglo XIX es una enorme ciudad que ha encontrado soluciones a los múltiples problemas que le ocasionó su crecimiento anárquico, convirtiéndolo en poderosa fuerza transformadora. Aunque no a todos, pues la indisciplina es el rasgo de sus moradores, al lado, claro está, de la alegría, de la música, del aprender a esquivar con humor los momentos difíciles. Pudo encontrar la solución a sus problemas de agua, pudo recuperar sus siete ríos, pudo entender la importancia de cuidar su hábitat, su verde, sus fuentes de trabajo. Y parece aceptar que en la transparencia de sus gobernantes está la clave de su futuro.Y después de muchos esfuerzos, nuestra ciudad encontró la convivencia que buscó con denuedo y sin pausa durante tantas décadas. Y pudo volver a disfrutar la brisa de las cinco que produce envidia, el vuelo de las mujeres bellas que desfilan por sus calles con desenfado. Y trajo de nuevo el color, y la amabilidad y el embrujo cálido que envuelve a todo aquél que llega a la que cada día se esfuerza por continuar siendo el mejor vividero del mundo.2026. Esta es mi Cali, mi Cali bella…

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