Esquizofrenia

Junio 25, 2017 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Nadie sabe desde cuándo empezó la enfermedad. Lo cierto es que ahora los enemigos de la movilidad en Cali somos los usuarios, los que aprovechan las ofertas de carros y motos que les llueven, los que pagan sus impuestos, los que pagamos por todo.

Somos nosotros a los que hay que acosar sin pausa. Estoy de acuerdo con Emilio Sardi quien en sus columnas ha criticado la manera en que se maneja el tránsito en la ciudad, cómo se están llenando las calles de ‘policías acostados’ dizque para aumentar la velocidad de circulación, y ahora se va a reducir el espacio en las vías más importantes.

Su posición refleja el sentimiento de los cientos de miles de caleños que hemos comprado un vehículo para movernos en ésta, la capital de la alegría. Hablo por quienes cumplimos las normas, pagamos impuestos y nos sometemos con paciencia a la autoridad o a la falta de ella en las calles de nuestra querida Cali.

Agrego que el carro es necesario por seguridad y ante la precaria oferta de transporte público que no responde a las necesidades de los caleños. Y por eso, el número de motos crece de manera exponencial ya que la gente prefiere pagar tres mil quinientos pesos diarios y llegar en quince minutos a su trabajo que esperar media hora un bus y durar hora y media montado en él para hacer lo mismo.

Los propietarios de vehículos que cumplimos las normas no somos ni los ricos que abusamos ni los culpables de que en las calles no quepa uno más. No somos los responsables de que en aquí no se hayan hecho las vías para cubrir el crecimiento en el número de carros y motos vendidos, lo que en muchas partes se muestra como prueba de la pujanza y el progreso económico y social de un país.

Y pagamos un impuesto de rodamiento que se supone debe usarse en el mantenimiento de la malla vial. Pero ni eso hacen. Por ejemplo la Calle 26 de sur a norte a la altura de la tenebrosa galería Santa Helena es un camino de herradura y transitar por ella es un dolor de cabeza en el cual se arriesga el estado del vehículo y la integridad de sus ocupantes.

Pero, según parece, la culpa es de nosotros. Ahora van a reducir el espacio de circulación en cincuenta de las más importantes vías de Cali dizque para construir las ciclovías que vienen prometiendo hace diez años. O para hacer parques como el de la Avenida Segunda Norte, al lado del río Cali, elefante blanco que sin terminarse ha producido el trancón más monumental de la historia porque a nadie se le ocurrió crear alternativas para entrar al centro.

Eso es populismo. Como fue el invento de poner a los carros blindados a pagar un impuesto adicional para eximirlos del pico y placa, con lo cual aportarían $38.000 millones al MÍO por año. Pues fracasaron, porque muchos prefirieron comprar otro carro que pagar un impuesto ilegal basado en discriminaciones.

Es un fiscalismo absurdo. Y el gobierno recibe miles de millones en multas pero no compra un galón de pintura para señalizar las calles, lo que en todo el mundo le orden a la circulación. Por eso y mucho más, el manejo del tránsito en Cali es ilógico, la movilidad una pesadilla y todo va en contra de los usuarios mientras las autoridades toman decisiones erráticas contra quienes cumplen sus obligaciones.

Pero no hacen las obras que deben y no atienden a los usuarios sino a las redes sociales y los medios que dan pantalla. Ahora aumentarán el pico y placa pero no rebajarán los impuestos de rodamiento que pagamos por usar las calles.

Eso es la esquizofrenia.

Sigue en Twitter @LuguireG

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