Esperando la muerte

Esperando la muerte

Septiembre 26, 2010 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

El ‘Mono Jojoy’ o Pablo Escobar. Cualquiera de los dos puede ser calificado como el peor de los criminales en la historia de la humanidad. La pregunta que debemos hacernos los colombianos es por qué nuestra sociedad es capaz de producir personajes con semejante desprecio por la vida y con tal afán de causar daño.Hoy, como hace 13 años, respiramos mejor después de confirmar la muerte de Jojoy. Y devolvemos la película sobre los desastres que produjo su paso por la tierra. Parece increíble que alguien mate por matar, que no entienda otro lenguaje que la violencia y argumento distinto al que se basa en el terror y la capacidad de destruir vidas. O que tenga el cinismo y la sangre fría para meter a la gente en jaulas, exhibidas a través de periodistas inmorales como Jorge Enrique Botero, quien todavía se lucra de vender sus tomas a los campos de concentración donde Jojoy tenía a los secuestrados.Y al ver las horripilantes fotos del cadáver del guerrillero se siente el mismo alivio que cuando mostraron el de Escobar abatido en el techo de una casa. Porque mientras Jojoy empezó como guerrillero raso, por las mismas épocas Escobar empezó siendo un pequeño delincuente. Ambos terminaron siendo propietarios de infernales maquinarias de guerra, financiadas por el narcotráfico y dirigidas a aterrorizar, matar y destruir. Nada había en ellos de principios. Sólo la violencia por la violencia. La que se hace porque sí, mientras les llega la muerte como les llegó. La perplejidad que sentí al oír narraciones de lugartenientes y víctimas de ‘El Patrón’ se revivió cuando escuché por Caracol el relato de Zenaida, quien fue entregada a las Farc cuando tenía 17 años por su familia para que no se llevaran a su hermano. Se fugó 18 años después. Ella perteneció al anillo de seguridad de Jojoy y su supervivencia parece un milagro.“Me dio un escalofrío. Da alegría, porque es una salvación, porque ese enemigo que tenía ya se fue y por otro lado saber que murió de esa manera, como él mandaba matar a las personas”, dijo Zenaida. Es como si revivieran los testimonios de los compinches de Pablo Escobar que escaparon a su paranoia y a su sed de sangre. Lo trágico es que mientras Escobar se convirtió en símbolo en muchas partes de esta Colombia confundida, Jojoy fue elevado a la categoría de paradigma de la lucha guerrillera, a pesar de sus demostraciones de desprecio por el ser humano.Jojoy y Escobar son la reproducción mejorada de bandoleros de los años 50 como Sangrenegra, y de aberraciones como el corte corbata o el corte de franela. Cuando uno se da cuenta de eso, debe preguntar por qué un país que tiene la palabra paz a flor de boca produce tales monumentos de maldad. Y se explica por qué debe tener una Fuerza capaz de enfrentarlos como lo hacen con efectividad admirable los soldados y policías. Hoy debemos agradecer a esos héroes que acabaron con sujetos a los cuales ya no es posible encontrar palabras para describir su maldad. Pero también debemos aceptar que nuestra sociedad no puede repetir tan espeluznantes historias si quiere tener futuro. Lejos del debate ideológico, el problema es encontrar la razón para que la mente de muchos colombianos sea tan propensa a la violencia sin límite y a la maldad, mientras se sientan a esperar su muerte como Pablo Escobar y el ‘Mono Jojoy’.

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