Espejismos

Octubre 30, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Volvieron a prender la feria de las ilusiones. Ahora, el diálogo con el ELN es además el salvavidas para quienes pretenden mantener vigencia con la paz y la concesión de imposibles.El talismán es la palabra paz. Bajo su sombra se creó un complicadísimo mecanismo para una negociación anunciada en Caracas, sede de los jefes del ELN. En su momento, y salvo por las fotos de Frank Pearl y uno de los tantos cabecillas sin liderazgo, poca atención mereció el documento que leyeron el 30 de marzo pasado, con la presentación de la Canciller de Nicolás Maduro.Y empezó la garrotera que siempre rodea los intentos con el grupo que creó la revolución cubana para llenar de focos guerrilleros a Latinoamérica. La principal es que ellos consideran el secuestro y la voladura de la infraestructura petrolera como actos de guerra. Detrás de eso está el afán de lucro de quienes, protegidos por el régimen chavista, usan la frontera para secuestrar, para volar oleoductos y luego escapar a Venezuela.En el fondo existe otra realidad: el ELN no es ni siquiera una federación con un objetivo político y altruista, sino una marca explotada por organizaciones criminales regadas en puntos estratégicos para producir cocaína en el sur del país y en el Chocó. O para explotar la extorsión y el secuestro en Arauca y la frontera, la retaguardia que les ofrecen militares venezolanos.Es con esa agrupación con la que se va a negociar, aunque quienes se consideran dueños de la marca y se presentan como los jefes y negociadores sean dogmáticos comunistas que aún creen en el estalinismo y en el totalitarismo como la vía para cambiar la sociedad. Por eso fracasó el intento en Maguncia, Alemania, donde se hizo el esfuerzo apoyado por la Iglesia Católica hace 18 años, produciendo la más grande frustración en la historia de las negociaciones de paz.Para ellos secuestrar es un acto de guerra. Es decir, su guerra es contra los civiles y contra la sociedad, sin consideración alguna. Y tienen el derecho, al parecer de origen divino, de quitarle la libertad a quien quieran. Lo demás, lo del narcotráfico o la extorsión a los petroleros que enriquece a un tal Pablito, asesino protegido por Venezuela, lo consideran minucias.Ahora se volvió a prender la lámpara de Aladino. Vuelve a aparecer la paz que todos queremos como talismán para mantener el cada vez menos entusiasta respaldo a lo que desde ya parece condenado al fracaso. Repitiendo los errores de la negociación con las Farc, es un intento en el que nadie cree porque se sabe quiénes son los del ELN y qué buscan, a pesar de los intentos oficiales y de la maquinaria publicitaria para tratar de convencernos sobre su voluntad de paz. La razón es que para Gabino y sus compañeros, la mesa de diálogo es una forma de tener protagonismo y de pasar de agache en su responsabilidad de crímenes atroces, como trató de hacer las Farc. Así lo demuestra el que la paseen por Chile, Brasil, Venezuela, Ecuador y quién sabe dónde más. Lo extraño es que el Gobierno haya aceptado ese espectáculo. Y más extraño aún, que Juan Camilo Restrepo sea el jefe de la delegación oficial.Menos mal, la fase pública se suspendió porque no entregaron a Odín Sánchez. Pero debería exigirse la liberación de todos los secuestrados, que son decenas como lo denuncian sus familiares aunque no son escuchados. Si así lo hicieran, allí habría la verdadera muestra de intención de paz del ELN. Mientras no lo hagan, la negociación será otro espejismo y otra frustración.

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