Espectáculo triste

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Funcionó la aplanadora. Y contra toda opinión que alertaba sobre el desconocimiento...

Espectáculo triste

Diciembre 04, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Funcionó la aplanadora. Y contra toda opinión que alertaba sobre el desconocimiento de las instituciones que se construyen para garantizar reglas de juego que sean respetadas y acatadas por todos, empezando por quienes tienen el poder, se impuso la obsesión por imponer un acuerdo discutible con las Farc.Hoy, ya no se puede hablar de una democracia formal o real. Valores tan importantes como la paz fueron usados para pasar por encima de la Constitución y satisfacer demandas de quienes tuvieron en la paciencia aprendida durante cincuenta años el arma para imponer sus deseos. Así, y como la voluntad popular era contraria a los deseos del régimen, decidieron ignorarla. Y la excluyeron, cuando vieron que otro plebiscito, el mecanismo que se inventaron para asegurarse la irresponsabilidad política y jurídica, iba a fracasar de nuevo. Entonces apelaron a sumar los pocos votos que necesitaban en el Congreso para imponer una aprobación que no es necesaria. Refrendación es la palabra que se inventaron en el acuerdo del 2012 para decir que serían los colombianos quienes tendrían la última palabra. Fue la manera de envolverse en la bandera para presentar al Presidente como el más demócrata de los demócratas que sometía a consideración de su pueblo la solución del problema más grande. Dijo éste que acataría con humildad la decisión, convencido del triunfo arrollador de una propuesta en la cual se destruía la Justicia creada en la Constitución de 1991 por Humberto de la Calle, el gran Ministro de entonces. Pero esa humildad y diligencia se acabó cuando la mayoría que creía tener dijo que No. Entonces convirtieron todo en una solución de salón, fácil, predecible, manejable. Imponible. Empezaron por consultar a unos cuantos dirigentes a los cuales graduaron de voceros para sacarles unas propuestas que convirtieron en la voz popular. Luego los graduaron de enemigos de la paz porque no aceptaron cambios que no reflejan la voluntad de la mayoría pero sí el afán por cerrar una negociación que se les salió de las manos. Así, no construyeron el consenso y remataron con un espectáculo triste que evadió la consultar al pueblo a la que se comprometieron desde el principio. 205 personas aprobaron lo que 6’431.376 negaron. Pisotearon así lo que es la columna vertebral de una sociedad, el acatamiento a la ley como fuente de la legitimidad y de la paz que todos queremos. Claro, los medios que tenían a su lado mostraron el espectáculo triste como el revivir de la democracia, a la par que descalificaban como amantes de la violencia a quienes no estuvieron de acuerdo que alertaban sobre lo que impusieron.Así, le torcieron el cuello al principio de la ley como árbitro de la sociedad. Ahora, las Farc presionan más y más a un Gobierno y a los 207 votos del clientelismo. Hasta que la Corte Constitucional acepte que el Presidente de la República asuma poderes dictatoriales para imponer el sometimiento de la Justicia a un Tribunal exótico, y que el Congreso renuncie a su obligación de legislar acatando las reglas de juego creadas para defender la democracia. Esa democracia ya no existe. Lo que queda es la demostración de cómo se usa la clientela para hacer lo que se venga en gana. Lo que sigue será cualquier cosa, porque la mitad de Colombia ya sabe que su voluntad y las instituciones que respeta, ya no importan. Y las Farc ríen ante el espectáculo triste.

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