En la puerta del horno

Marzo 13, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Nada está acordado, a pesar de los años que los negociadores han dedicado a sacar adelante el acuerdo. Lo que parecía transitar una ruta segura, hoy está sumido en un enredo monumental. En esas anda el proceso con las Farc. Lo único cierto hasta ahora es que el afán y la politización que le aplicó a la negociación en La Habana, empieza a pasarle la cuenta de cobro al Gobierno. Cuando el presidente Santos se reunió con don Timoshenko y se tomó la foto dándole la mano, creímos que el plazo del 23 de marzo era irreversible. Más aún cuando, después de la burrada en el corregimiento Conejo de la Guajira, reiteró que ese límite no tenía reversa. Meses antes, conciencias jurídicas como la de Roys Barreras llevaron al Gobierno a descartar el referendo y a adoptar el plebiscito para la refrendación a la cual se comprometió el presidente Santos con las Farc. Y a no escuchar a quienes le decían que eso no era posible, que rebajar los umbrales era casi que un atropello, y que tampoco era necesario. Pero la arrogancia de sus copartidarios, la ceguera que produce a veces el poder y la fogosidad de algunos de sus colaboradores que vieron allí la oportunidad de liquidar a la oposición, impidieron al Presidente anticipar el lío en que se metía si apresuraba el proceso. Esos personajes no tenían en cuenta que la Corte puede declarar inconstitucional los cambios. Lo que les interesa es seguir explotando la paz como bandera partidista y usándola para cubrir los problemas de la inflación, la desconfianza en la economía y la pérdida de respaldo del Gobierno. Y queda el problema del plebiscito que, a no dudarlo, será una oportunidad de calificar la gestión del Gobierno. Ante la caída en todos los indicadores en las encuestas de opinión, el riesgo de una derrota es también enorme. Es decir, lo de menos será si los votantes aprueban o no el acuerdo porque van a votar a favor o en contra del Gobierno.Todo eso requiere ahora una reversa monumental, porque llegó el 23 de marzo y no hay acuerdo. De ahí que la caída del plebiscito sea una necesidad, la gran necesidad de un gobierno al cual se le cambiaron las circunstancias en menos de un año. Y mientras los ministros guardan silencio mudo, aparecen los conceptos del Fiscal y del Contralor diciendo que además de ilegal, las reformas al plebiscito son innecesarias, aduciendo razones de conveniencia que nadie ha pedido. Entonces, hay que empezar una nueva negociación sobre dos puntos: la fecha para firmar el acuerdo definitivo y el mecanismo de refrendación que, sin ser necesario, fue acordado el 26 de agosto de 2012. Adivinen quién ganó y quién perdió. Y qué pasará de aquí en adelante con un Gobierno confundido y unas Farc odiadas por todo el mundo pero con la sartén por el mango. Eso pasó por el afán y la politización que le metieron a un proceso que sin duda es necesario para todos. Lo que queda claro es que no va a funcionar la estrategia de legitimar todo mediante un plebiscito. Y que de aquí en adelante, si se firma el acuerdo final sin consulta popular, será el Presidente el único responsable de lo que pase, de las reformas que deban hacerse y de los resultados de una negociación que ha dividido al país por culpa de las ambiciones personales. Así lo estableció la ley mucho antes de empezar la negociación en La Habana. ¿Por qué se enredaron?

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