El verdadero problema

Julio 10, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Crecieron el 100% en dos años los cultivos ilícitos en Colombia dice la ONU, lo que nos consolida como el primer productor de cocaína del mundo. Que no se niegue entonces que el problema nuestro contra la paz sigue siendo el narcotráfico. Las cifras son claras: al finalizar el 2015 las hectáreas sembradas llegaron a 96.000, el doble de las 48.000 que existían en el 2013. Y estamos produciendo 442 toneladas de cocaína, casi el doble de las 290 que se producían dos años atrás. Eso es consecuencia de abandonar la lucha contra el que ha sido el gran enemigo de la concordia y la estabilidad de las instituciones en Colombia. Que no se olviden de lo que nos ocurrió en 1998, cuando llegamos a tener un estado fallido.Y que no se siga desconociendo el efecto que tiene la desidia del Estado centralista en enfrentar el enemigo más poderoso de la tranquilidad de los colombianos que viven en la provincia. La gente de Tumaco, de Nariño, del Chocó, del Cauca, de media Colombia, es asediada por la mancha verde de la coca, la marihuana y de la amapola.Ellos, no quienes se empeñan en anunciar la llegada de la paz, son los que están pagando el pato de no tener una política antinarcóticos y de carecer de apoyo para labrarse un futuro. Son los expulsados por la delincuencia vestida de guerrilleros, de bacrim, de carteles, de cualquier denominación, que llegan a Cali y a todas las ciudades en busca de protección. Y en las ciudades crece el microtráfico, el veneno que contamina a la juventud, que rodea escuelas y colegios, que se tomó las calles y se lleva la juventud de manera irremediable. Por eso, gran parte de las más de 400 toneladas de cocaína y mucha de la heroína que se produce “en las montañas de Colombia”, se consumen aquí. Así, el campesino y los habitantes de la ciudad siguen viviendo en medio de un cáncer que nada tiene que ver con la protesta social, el argumento con el cual tratan de exculpar a las Farc de los horrores que han cometido. Ahora, y a pesar de las estadísticas de la ONU, el Ministro de Defensa pretende convencernos de que todo terminará con la firma del acuerdo en La Habana.Con ello quiere tender otra cortina de humo sobre la realidad que rodea a la provincia. La del narcotráfico que alimenta toda clase de conductas criminales, mientras el Gobierno no parece capaz de diseñar una política coherente contra el narcotráfico distinta a guardar y silenciar a las Fuerzas Militares para no perturbar la negociación con las Farc.Y que no se insista en que anunciar fumigaciones manuales es una política seria. Por el contrario, la experiencia indica que es condenar a los fumigadores y a quienes hacen la erradicación manual a una muerte segura a manos de los francotiradores y de las minas quiebrapatas.Ese veneno no se va a acabar con la firma ni será la arcadia que nos prometen con el llamado posconflicto. La disidencia del frente primero de las Farc, contaminado hasta los tuétanos por el narco, demuestra que el asunto no se resuelve con una firma ni con la retórica extraña del extrañísimo Ministro de Defensa. Nada indica que va a producirse el fin del narcotráfico que manejan las Farc. Por el contrario, todo nos dice que el aumento de las áreas sembradas de coca fue su estrategia de expansión y un triunfo del crimen organizado, mientras se siguen pintando palomas y se gasta en polémicas inútiles la energía que debería concentrarse en combatir al verdadero enemigo de la paz.Sigue en Twitter @LuguireG

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