El Teatro del absurdo

Noviembre 27, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Se cumplió la quinta firma. Fue en el Colón, con la asistencia de ochocientos invitados y la ausencia de la mitad del país que no fue representada en un acto al cual también faltó la legitimidad.Primero habló ‘Timochenko’, ahora alias Rodrigo Londoño. Envuelto en olor de impunidad, reclamó un “gobierno de transición cuyo propósito fundamental sea el cumplimiento cabal del acuerdo de La Habana”. Es decir, el cogobierno con las Farc, rechazadas por el 98% de los colombianos. Después presentaron al Presidente. Ahora ya no se refieren al Jefe del Estado que en este caso debió asumir su investidura para aprobar el acuerdo sin necesidad del plebiscito que perdió el pasado 2 de octubre. Ahora se dice “Presidente de la República y Premio Nobel de la Paz”. Ese fue elemento sustancial de la obra que vimos el pasado jueves. Ya no es un asunto de representar a toda la nación, porque la nueva dignidad no la otorga el respeto a la Constitución sino el título concedido por una fundación sueca. Con ese título, el Mandatario defendió el mismo acuerdo que con pequeños retoques reemplazó al acuerdo derrotado. Por fortuna, el reclamo de última hora de los militares indignados logró echar para atrás el mico del artículo 44 que no vio o no quiso ver el Gobierno en su afán por ganarse el respaldo de Human Rights Watch y del señor Vivanco. Fue grande el aplauso de los selectos invitados cuando el Presidente y Premio Nobel dijo que ese documento lo apoyan ya “la mayoría de los que votaron por el No”. Así. Sin remordimiento, sin más consultas populares a las cuales se comprometió, aplicó el arte de la magia para afirmar que ya tiene las mayorías a su lado.Detrás de los actores principales se veía a Roy Barreras agitar las masas, los ochocientos invitados exclusivos, con el “sí se pudo”, mientras su colega Armando Benedetti se tomaba un ‘selfie’ con Timochenko, alias Rodrigo Londoño. Después partió rauda hacia el Congreso la delegación encabezada por el sectario Ministro del Interior.Su misión era radicar el acuerdo (¿de La Habana? ¿de Cartagena? ¿del Teatro Colón?) para iniciar lo que nadie, desde el Presidente y Premio Nobel, tiene claro: la refrendación. Esta semana se producirá el trámite para darle vida al acuerdo mediante la aprobación que se hace después de firmado y no antes, como debe ser. Será la segunda parte de la obra. Allí se verá a la alianza gobiernista tratando de reemplazar al constituyente primario para refrendar lo que no puede refrendar. Y los intentos por darle la legitimidad que nunca tendrá el acuerdo que se firmó desconociendo el veredicto del 2 de octubre. En la otra orilla estará el Centro Democrático promoviendo un referendo imposible para negar el nuevo acuerdo que modificó el viejo acuerdo.En el intermedio, la Corte Constitucional puede pronunciarse sobre el Acto Legislativo que lleva 5 meses estudiando. Será el epílogo de una obra digna del teatro del absurdo: sus autores, el Gobierno y sus aliados, ruegan que se declare inconstitucional el artículo 5 que impide el fast track y las atribuciones dictatoriales al Presidente y Nobel para legislar, porque el plebiscito lo ganó el No. Y los demandantes, el Centro Democrático, ruegan porque la Corte declare constitucional el articulito ya que perdió el Sí.Así va la obra de teatro que dividió a los colombianos y los llenó de hastío por el abuso de la paz como instrumento para ganar elecciones. Conejo histórico, ¿o no?

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