El silencio y la nada

Abril 12, 2015 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Cuatro meses lleva ya la toma de algunas haciendas en el norte del Cauca. Y mientras tanto, las autoridades que deben garantizar el pleno goce del derecho a la propiedad privada y responder a los reclamos de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte, Acín, guardan silencio. Y el problema se alarga. O mejor, crece con la retórica de quienes con el discurso de recuperar la madre tierra y exigir que se les cumplan los compromisos adquiridos por los gobiernos de los últimos años, tratan de justificar las vías de hecho como generadoras de derechos. Eso es lo que está ocurriendo en las haciendas Quebradaseca, García Arriba, Miraflores y la Emperatriz, entre Caloto y Corinto. Más de 400 hectáreas han sido objeto de actos vandálicos que obligan a la presencia del Ejército y la Policía. Lo cual no es un acto de represión, ni un abuso de poder o una persecución contra el pueblo nasa, sino el deber de proteger los derechos de quienes adquirieron esos predios de acuerdo con los requisitos que establece la ley colombiana. En estos cuatro meses no ha sido posible encontrar la solución, y el silencio del Gobierno contrasta con la beligerancia de quienes utilizan la representación del pueblo indígena para impulsar un conflicto absurdo con argumentos en apariencia inobjetables. Por ejemplo, es imposible no estar de acuerdo con la justicia que merecen los indígenas. Pero, ¿es justo que se desconozca el derecho de las demás etnias, negros, blancos o mestizos, a tener tierra adquirida de manera legal? Pero eso no es tenido en cuenta por los dirigentes de la Acín, quienes reclaman 144.000 hectáreas del Valle geográfico del Cauca, además de las 20.000 que les prometieron en el pasado. Es decir, la mitad de lo sembrado en caña. En esos reclamos está su habilidad para mostrarse como víctimas, al azúcar como generadora de todos los males posibles y a los ingenios como mensajeros del demonio. Y está la mano que silencia a los indígenas que no están de acuerdo con el atropello. También hay otra sombra protectora. Es la que cada noche aparece en los alrededores de Toribío, donde centenares de bombillas se ven en la noche, alumbrando los invernaderos donde crece la marihuana ‘crippi’. Son protegidos por las Farc y consumen energía robada, además de generar ganancias enormes que aseguran la solidaridad de quienes participan en el negocio. Es decir, las mafias, la guerrilla y los que tienen a la población Nasa metida en el narcotráfico.Incluso un grupo que se identifica como Quintín Lame acampó en la represa Florida II en la vía a Coconuco. ¿Revivió el grupo guerrillero? Lo cierto es que está invadiendo propiedad privada de Cedelca, una entidad pública, y poniendo en riesgo un activo que es de toda la comunidad del Cauca, bajo el argumento de que esa es tierra de ellos. Allí, la respuesta es el silencio.Frente a la invasión que se está produciendo en el norte del Cauca y en todo el departamento, la actitud oficial es ofrecer tres mil hectáreas y dos mil millones de pesos, detener a la Fuerza Pública y esperar a que el tiempo resuelva el problema, cuidando de no afectar los diálogos en La Habana. Es decir, la nada que pone en riesgo la propiedad privada, legítima a los invasores y desconoce los derechos de los propietarios. Y las borracheras con Feliciano Valencia, coordinador de la minga y quien ya es maestro en hacer lo que se le venga en gana.

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