El sí al No y el no al No

El sí al No y el no al No

Octubre 23, 2016 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Me perdonarán los lectores, pero además del cansancio de tener que machacar el mismo tema, ya no entiendo nada. Durante cuatro años nos prepararon para el acuerdo con las Farc. Nos hablaron de sapos que debíamos tragar como requisito para entrar al edén del posconflicto. Y nos convencieron de que el acuerdo estaba cerca, a pesar de que las Farc vociferaban a diario desde La Habana, se declaraban inocentes y víctimas y negaban con descaro infinito a sus víctimas.Autoridades civiles, militares, eclesiásticas y algunas judiciales nos dijeron que la paz era inminente. Que las Farc tenían la voluntad de abandonar su violencia, a pesar de que ampliaron las áreas cultivadas de coca y crecieron el narcotráfico a niveles jamás alcanzados. Hasta nombraron Ministro para el Posconflicto a un bogotano, muy querido él, que no sé porqué está desaparecido. Y llenaron todos los medios de comunicación cercanos al Gobierno de publicidad, de entrevistas, de consignas, de lemas. “Es la paz”, nos decían para convencernos de decirle sí a un tribunal que pasaba por encima de la justicia que existe en la Constitución. “Es la nueva Colombia”, la que construiríamos con las Farc, los nuevos mejores amigos, si como parecía inevitable, el pueblo decía Sí en el plebiscito el dos de octubre. Pues como les parece que seis millones y pico de esos votantes rompieron el libreto y dijeron No. En las urnas, donde se realiza la encuesta verdadera, ese poco de gente no estuvo de acuerdo con el acuerdo de La Habana, aunque quiere la paz. No sirvió toda la parafernalia y la pompa para convencernos de decir que sí. Es decir, la mayoría le dijo no al Sí, o mejor, sí al No. Entonces empezó el segundo tiempo, con un gobierno sin gobernabilidad, desconcertado y perplejo. Y aparecieron algunos voceros del No, los más conocidos, a tratar de construir un consenso. Por fuera quedaron los que de manera silenciosa y categórica se opusieron con su voto al acuerdo que quisieron vendernos como la paz. El Ministro del Interior y la Canciller los recibieron a unos y otros con piedras, diciendo que los únicos que podían cambiar la criatura engendrada en La Habana son las Farc. Así empezaron los del poder a hacer maromas para eludir el No que ganó en un plebiscito que todo el mundo pidió que no lo hicieran. Para abreviar, ahora no se sabe qué de las propuestas de los del No aceptó el Gobierno y cuáles llevarán a las Farc. Es decir, lo del consenso nacional se está volviendo cuento chino. Y las manifestaciones de quienes reclaman ese consenso están siendo usadas para mostrar un supuesto respaldo al Sí oficial y el rechazo al No de la mayoría.En esas estamos. Y mientras, ya con el Premio Nobel, el presidente Santos anuncia visita a Irlanda del Norte pero no va al Chocó ahogado, y nos dice que ya está listo y que tiene un mandato para hacer la paz. ¿Cuál? No se sabe si es el del Sí de antes del plebiscito, o el del No del plebiscito que le dijo que la mayoría de los votantes quieren cambios profundos en el mamotreto de 297 páginas. Total, hoy parece que estamos en el no al No. Y llegamos a un grado de saturación y de cansancio con el mismo cuento que nos hace insoportables a los que escribimos sobre lo mismo como si no existieran más temas. Por ello presento mis disculpas, aunque temo que podemos estar cambiando los sapos del principio por un animalito que asoma ya sus largas orejas.Sigue en Twitter @LuguireG

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