El relajo

El relajo

Septiembre 03, 2017 - 06:55 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Con lo que está pasando en las campañas para Presidencia, con los escándalos que destrozan sin compasión el nombre que le quedaba a las Cortes, y con los destapes de la corrupción en la contratación pública, Colombia está viviendo una de las peores épocas de su institucionalidad.

La pregunta es cómo recuperar lo que se ha perdido si sus protagonistas, los líderes públicos y privados que deberían interpretar el sentimiento ciudadano, callan, se esconden ante la necesidad de dar explicaciones o persisten en conductas que no sirven para resolver la crisis de confianza que padecemos. Y si lo que sigue importando es la campaña electoral y no la necesidad de combatir la mayor amenaza contra la democracia.

Es la corrupción que se pasea por todos los rincones del país, destruyendo la fe y la moral públicas. Es un fenómeno que ha penetrado el manejo del Estado de tal manera que la política consiste en mantener silencio sobre la podredumbre que brota en las noticias de la actividad pública, y las elecciones son mecanismos para tratar de legalizar las organizaciones dirigidas a consumar los negociados.

Y frente a ella no hay un liderazgo que proponga salidas al problema. Tenemos unas campañas presidenciales acusadas de haber recibido recursos corruptos e ilegales. También sabemos la forma en que se usan los partidos para otorgar avales que culminan en robos descarados a municipios y gobernaciones, o para usar el Congreso como el acceso a la mermelada y al tráfico de influencia.

Por si faltaba algo, ahora se destapa el negocio de los exmagistrados acusados de vender sentencias y gabelas en los procesos que la Corte Suprema lleva contra los congresistas, algunos de los cuales duran hasta diez años. Nada nuevo, puesto que antes había sido el tenebroso Consejo Superior de la Judicatura y hace poco la Corte Constitucional con los escándalos de los magistrados Rojas, Pretelt. A lo que deben agregarse las denuncias en los tribunales del Meta, o de Cúcuta, o los jueces que se confabulan contra Ecopetrol, o los que traficaron con sus influencias para demorar fallos o sacar absoluciones.

Todo huele mal y no aparece la decisión y la voluntad de terminar con la pesadilla. Empezando por el Presidente de la República, los dirigentes de las tres ramas del Estado hacen apariciones tímidas para entregar declaraciones de cajón. Y las propuestas no pasan de reformas que se hundirán en su trámite o su revisión porque tocan los intereses de quienes tienen el poder en sus manos y no están dispuestos a permitir el juego limpio que empieza por un control efectivo a la corrupción y termina con sanciones ejemplarizantes a quien la cometa.

La corrupción será el tema de moda entre los 29 aspirantes a suceder a Santos. Ahora renuncian a los partidos y se proclaman adalides y adalidas de la pulcritud. Ya es feo pertenecer al Partido Liberal, al Conservador, a la U, al Polo Democrático, a Cambio Radical, al Verde y salen a disputarle las firmas a Piedad Córdoba. Pero, eso sí, les hacen la venia a los senadores y representantes a quienes les dejan los partidos para que armen el clientelismo y la plutocracia de siempre, y los involucran en sus campañas.

Es el relajo total de un sistema que no tiene dolientes y de una política que se hace para adecuar la ley a los intereses de una clase caduca y voraz y no para acatarla y hacer que la decencia se imponga sobre la vagabundería. ¡Qué pesar!

Sigue en Twitter @LuguireG

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