El regreso del sectarismo

El regreso del sectarismo

Agosto 19, 2012 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

De pronto, lo que parecía superado por el Frente Nacional en 1957, reapareció en Colombia. Al parecer, la ambición de poder vuelve a los medios de comunicación que se prestan a campañas para remover rencores que se creían superados.Ocurrió con la elección del magistrado que debía reemplazar al vallecaucano Juan Carlos Henao en la Corte Constitucional. Para ello, la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de Estado y el Presidente de la República presentaron sendos candidatos, todos ellos personas de ilustre e importante trayectoria: la doctora Marta Sáchica, el doctor Luis Guillermo Guerrero y el doctor Carlos Medellín.La elección la realiza el Senado, para lo cual hay un protocolo definido. Por supuesto, es un proceso político donde se presentan alianzas y hay la negociación normal de una entidad compuesta por diversas tendencias y partidos. Lo que no significa que quien resulte elegido esté obligado a convertirse en militante de partido alguno, ni mucho menos a fallar siguiendo los dictados de sus electores. Por lo menos hasta lo que se conoce, todos quienes han pasado por la Corte Constitucional han sido jueces ecuánimes. Y ninguno de los tres candidatos podrían ser objeto de señalamientos partidistas, así la doctora Sáchica sea hija de un ilustre jurista conservador, o Carlos Medellín sea liberal y el exmagistrado auxiliar Guerrero hubiera reconocido su conservatismo. Pero empezó una campaña extraña: desde medios como CM& empezó a difundirse la idea de que la extrema derecha, asociada, como no, al conservatismo, se iba a tomar la Corte. Y que con ello se perdería la libertad, asociada, claro está, al liberalismo. Fue una campaña que llenó de epítetos a Guerrero y cuyo objetivo era crear zozobra sobre lo peligroso que sería para las libertades la llegada del oscurantismo que él encarna. Detrás de eso, lo que hubo fue la obsesión de imponer a Medellín, miembro de Cambio Radical del partido Liberal, como si su fundador, el ministro Vargas Lleras, no fuera, ese sí, la derecha recalcitrante. Trataron de descalificar a quien a la postre fue elegido, con argumentos propios de las peores épocas del sectarismo que incendió a Colombia desde 1930 hasta el Frente Nacional, a Guerrero. Lo señalaron por ser conservador y le dedicaron decenas de notas y centenares de líneas para sembrar la sospecha sobre un hombre que como Magistrado Auxiliar se destacó por defender la Constitución de 1991.Fue el regreso del trapo rojo para sembrar la discordia y conseguir poder. Así de sencillo. Tanto, que a los autores de la campaña no les importó tildar de cavernarios a los miembros del partido de la U, casi todos de origen liberal y quienes pusieron los votos que eligieron a Guerrero. No les importó el daño que le causaban a sus medios ni sembrar la sospecha sobre el proceso e ignorar las reglas de juego, insinuando que era sospechoso por no satisfacer las ambiciones de un partido Liberal que agoniza en la mediocridad y la lagartería, al igual que lo que queda del Conservador.Así estamos en Colombia: de regreso al sectarismo que descalifica y destruye, en el cual se involucra a los medios de comunicación mientras la política se hunde en la falta de propuestas y la sed de puestos y prebendas.

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