El post acuerdo

Noviembre 29, 2015 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

No es el post conflicto, que ahora tiene un flamante ministro en Rafael Pardo. Es lo que sigue después de firmar lo que van a firmar en La Habana y cómo van a hacer para lograr que los colombianos refrenden el acuerdo final.Y en ese sentido arrancaron mal, pero desde el principio de la negociación. Sin duda plantear y lograr una negociación con las Farc fue una audacia, bien acogida por unos y no tanto por otros. Pero los errores le dieron carne a la oposición acérrima del Uribismo y dejaron en la mitad a los millones de colombianos que si bien creen, o creemos en la paz negociada, no tenemos ninguna confianza en la guerrilla más sanguinaria en toda la historia del continente americano.El problema estuvo en que el presidente Santos permitió, o a lo mejor incentivó, que la negociación se convirtiera en bandera política. Es más, que fuera utilizada para su reelección y no para generar un consenso nacional alrededor de ella. Juntó entonces la paz como valor absoluto con su nombre y produjo una gran división política, que cada día crece, a pesar de los oídos sordos y los ojos cerrados de sus compañeros de bando.Por eso, Óscar Iván Zuluaga lo derrotó en la primera vuelta y estuvo muy cerca en la segunda. Cuando el Presidente consiguió su reelección, se esperaba que el esfuerzo se volcara a construir ese consenso tan necesario para que la paz sea realidad y no sólo un papel más que no representa a toda la Nación. Por el contrario, la confrontación arreció, se le dio más munición al Uribismo y se descalifica aún a todo aquel que cuestione lo que están haciendo.Más grave aún, es la forma en que se está definiendo la manera en que se refrendará el acuerdo y en que se adoptarán los cambios que demanda. Y otra vez aparecen los errores del principio. Ahora, el Ministro de la Política ya no debe convencer a los colombianos sobre las bondades del acuerdo sino arrear la recua de la Unidad Nacional mientras nadie sabe si habla a nombre de su partido liberal o del Gobierno, y descalifica al Uribismo que sabe que crece con cada latigazo del exsecretario de Ernesto Samper.¿Y quién defiende lo acordado hasta ahora? Fuera de alguna que otra presencia fugaz del Presidente, es el jefe de la delegación negociadora. Él, que debería dedicarse solo a negociar, está involucrado hasta los tuétanos en la pelea partidista en que se convirtió el acuerdo con las Farc. Él, que ha cumplido una gran labor, trata de enderezar los entuertos que dejan el afán por usar cualquier acuerdo, como el supuesto de la Justicia, para hacer partidismo.Así, el post acuerdo no tiene buen aspecto porque nadie se preocupa por construir un consenso nacional que respalde la negociación. Por eso tienen a la maquinaria sacando unas reformas que reduce los umbrales del plebiscito al 13% del censo electoral, para que el clientelismo asegure los menos de cuatro millones quinientos mil votos que se necesitarán. Y aceleran la aplanadora que reforma la Constitución para otorgar poderes al Presidente y recortar los del Legislativo y los de la Justicia, con lo cual tratan de convencer a las Farc para que firmen. Pues lo podrán lograr, porque tienen el poder del País Político en las manos. Pero el País Nacional que definió Jorge Eliecer Gaitán seguirá dividido sin remedio, lo cual deja temores sobre el rebrote de la violencia similar a la que se produjo como consecuencia de la mala negociación en el Caguán entre 1998 y el 2002.

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