El poder para qué

Junio 15, 2014 - 12:00 a.m. Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Hasta dónde habrá llegado el poder de los canales privados de televisión en Colombia y la impotencia, o incapacidad, o tolerancia, o connivencia, del Estado con ese poder, que ya los usuarios, los televidentes, son los que menos importan. La historia es hasta ridícula, si no estuviera de por medio la ambición de cobrarle a los televidentes por lo que las normas dicen que no. En efecto de acuerdo con la ley 680 de 2001, los operadores de los sistemas de cable por donde entra la televisión a más del 60% de los hogares, están obligados a transmitir los canales nacionales, públicos o privados. Y gratis, como debe ser si los consideran de interés nacional, así sean emitidos en alta definición, o HD.Pero resulta que la cosa no es tan clara porque los operadores de cable cobran en sus paquetes los dos canales privados emitidos en HD. Por supuesto, estos canales reclamaron que se les pagara. La reacción fue la esperada: los operadores se negaron, alegando que ellos transmiten la tv nacional por obligación, aunque sí le cobran al televidente por ello. Una explicación adicional: emitir televisión en HD es consecuencia del desarrollo tecnológico y no un valor agregado que deba generar mayor cobro. Si lo hacen, es un abuso. Pero como en Colombia no hay quién proteja al televidente… Sigamos. Entonces apareció el Gobierno. Y acabó de embarrarla, pues mientras la Autoridad Nacional de la Televisión se ha demorado y seguirá demorando su decisión sobre el litigio, la Superintendencia de Industria y Comercio, que no tiene velas en el entierro pero sí un afán inocultable de defender el poder de los canales, decidió, óigase bien, ordenar a los operadores “abstenerse de transmitir tanto la señal corriente como la de HD de los canales privados, sin previa autorización de ellos”. ¡Y en pleno Mundial de Fútbol!Es decir, lo que debía hacerse por ministerio de la ley ahora requiere autorización del superpoder de los canales privados. Se produjo entonces la reacción de los operadores de cable: “Muy bien, entonces no transmitimos ninguna de las señales”, dijeron los sistemas que llegan a más de cuatro millones de hogares. Fue cuando reaccionaron los canales: “un momento, nosotros hemos autorizado la transmisión de la señal análoga, y es obligación de los cables hacerlo”. O sea, al carajo la orden de la Superintendencia. Es decir, los asustó el que sus comerciales que ocupan más espacio que sus contenidos, no sean vistos en cuatro millones de hogares. ¿Y el Estado? El Gobierno, en babia y asustado porque estamos en campaña reeleccionista. Y las superintendencias y autoridades nacionales, aterradas de tomar una decisión que perjudique a los detentadores del poder que fueron capaces de impedir que en Colombia existiera un tercer canal. ¿Y el usuario? ¿Aló? ¿Quién es? Nadie, porque no cuenta en la posibilidad de difundir la campaña electoral y ayudar a ‘la imagen’ del candidato. A eso ha llegado nuestra desmirriada democracia. ***Hoy se elige el próximo Presidente. O se reelige el que tenemos. Cualquiera sea el ganador, será producto de la peor campaña, la más sucia y degradante que haya presenciado en mi vida. Ganará alguno, pero el país quedará dividido por quienes prefirieron las campañas miserables que incitan al odio, a ganarse la voluntad de los votantes con propuestas. Mi Dios nos coja confesados.

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